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lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Avanzamos?


Una de las ventajas de andar en bicicleta es la de ver de cerca la realidad que te rodea, ser capaz de tocarla y de sentirla. Uno puede detenerse a medio camino a tomarse una Inca Kola o simplemente a conversar con la gente. Viajar en bici por el Perú es un placer como ningún otro, sobre todo cuando se transitan por trochas que te llevan a las zonas más olvidadas del país. 

Estos niños viven en la zona del VRAEM y apenas saben el nombre de la capital del Perú, tienen entre diez y trece años y con las justas suman y restan. Me los encuentro en La Esmeralda, un pueblito perdido en el mapa de la frontera de Huancavelica y Ayacucho, por la ruta del río Mantaro. Los niños se acercan a nosotros los ciclistas que decidimos darnos un descanso aquí. 

-¿No van al colegio estos niños? -me pregunta Paul, un holandés del grupo, que lleva puesto su jersey naranja.

Me quedo pensando en su pregunta. Para mí siempre ha sido normal ver a niños corretear de aquí para allá en mis viajes por mi querido Perú, pero su comentario me sorprende, nunca antes había reparado en ese detalle, así que decidí acercarme a uno de los niños que estaban sentados en el porche de la municipalidad para preguntarle dónde estaba el colegio del pueblo, que si no tenían clases. 

-Los profesores están de huelga -me dijo el mayor de ellos. Sus compañeritos, unos ocho niños menuditos y de ojos tristes, me miraban con timidez, hasta que soltaron la carcajada.
-¿Y dónde está tu profesor?
-Vive en Huancayo, no en este pueblo.

Cuando escuché esa respuesta me pregunté hacia dónde se dirigía la educación en nuestro país. Quienes vivimos en la gran ciudad nos venden la idea de que el Perú está avanzando, y sin duda lo está, en construcción de carreteras, edificios, centros comerciales, la gente tiene más poder adquisitivo y las ciudades están cambiando, pero cuando llegué aquí a La Esmeralda, a este pueblito huancavelicano, era como haber retrocedido cuarenta años en el tiempo y encontrarme con un país que muchos de mis conciudadanos no quieren resignarse a ver. 

Huancayo está a seis horas en auto desde La Esmeralda, la mitad asfaltada y la otra no. El profesor llega cada dos semanas a darles clases de matemática, lengua castellana y geografía, y luego desaparece por un tiempo; se pasa los días en la comodidad de su ciudad haciendo otras cosas que no sabemos, excepto darles una educación a esos muchachitos que me miraban con melancolía ese mediodía de septiembre. 

-¿Y hace cuánto que no tienen clases?
-Hace días ya...
-¿Y de cuántos días hablamos? 
-Muchos, señorita. La huelga, pues.

Me senté al lado de ellos. Les hice un examen de geografía. ¿Cuáles son las tres regiones naturales del Perù?
No supieron contestarme. ¿Y cuál es la capital de Loreto? Enumeraron varias ciudades, entre ellas Arequipa, sin nombrar Iquitos. Viajar por el interior de tu país te abre los ojos y te enseña de que el Perú no es sólo un puñado de ciudades sino el corazón de las zonas rurales que siguen viviendo como hace cincuenta años o más. ¿A quiénes beneficia ese falso nacionalismo, inventado e imaginado basado en booms gastronómicos, económicos e inmobiliarios?

Muero de verguenza al tener que responderle al grupo de extranjeros con el que estoy viajando de que los niños del Perú no están yendo a la escuela debido a una huelga general indefinida y que su profesor vive a seis horas de allí, y no llega siempre a darles clase, con o sin huelga. ¿Cuál será su futuro? 

Nosotros continuamos nuestro camino después de tomarnos una inca kola con esos muchachos. No me quiero poner moralista y aún menos catastrófica pero esa región por la que pedaleábamos estaba poblada por policías que controlaban los vehículos de la droga. El camino de la coca que serpentea hacia las profundidades de la selva. El VRAE a poco kilómetros de distancia. 

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un accidente en las alturas


13 de setiembre

Dejamos Ayacucho, también sus mesetas y viene el descenso. ¿El más largo del mundo? ¿El más tedioso, insoportable, alucinante, interminable y peligroso?

Miro desde arriba : la carretera culebrea interminablemente de una a otra quebrada seca, verde, medio rojiza. No veo el final. Es supuestamente un río, el río Pampas, que divide dos regiones del Perú : Ayacucho y Apurímac.

Bajo. Mis brazos todavía fuertes, aún no se cansan de las piedras y la arena del camino. Trocha. Una curva. Otra. Hay que apretar los frenos para no desbocarnos.

A los pocos kilómetros : ¡ Pum ! Encuentro a un ciclista en el suelo. Más ciclistas a su alrededor. ¿Qué pasó?

Se acaba de accidentar, se ha roto un brazo, pobre Dolf, se estampó contra un muro de montaña tratando de alcanzar a su compañero. A detener el primer camión para que lo lleven donde un médico (y nosotros tenemos un médico que en ese momento está en la parte más baja de la montaña, después de cincuenta kilómetros, al lado del río).

Dolf sube con dolor y palidez a un camión amarillo (junto con otro ciclista acompañante) que casualmente pasa por allí, muerto casi muerto. Los ciclistas siguen su ruta. Yo intento quedarme detrás del camión, pero de pronto veo que el camión no se dirige hacia la parte baja del cerro, es decir, hacia el río, sino que más bien sigue un camino hacia un poblado en lo alto de la montaña.

Yo sigo el camino tomado por el camión y evidentemente va a un pueblo, pienso, a una posta médica, pienso.

Después de ingresar por una calle de tierra rodeada de casas de adobe con niños jugando en las afueras y señoras lavando su ropa, (el sol brilla con intensidad), y de atravesar una plaza casi vacía (sin tiempo de fijarme en lo que hay) , veo al camión detenerse y a varios hombres sacando cargado a Dolf del camión. El pueblo se llama Ocros. Aquí los teléfonos móbiles no funcionan.

Dolf es atendido por los médicos de la posta, muy amables ellos, les pregunto si es posible trasladar a Dolf en vehículo hacia el río, pues allí está nuestro médico, doctor, y necesitamos seguir camino hacia Chincheros. Yo espero afuera en la posta. Oigo a Dolf gritar y llorar como a ningún hombre en mi vida. "Se ha roto un brazo", me dice el encargado de la posta: "Le hemos puesto un analgésico para que se sienta mejor antes de ser trasladado", pero el tiempo pasa y ningún ciclista del grupo llega a Ocros a preguntar por Dolf.

El médico y yo vamos hacia el puesto policial del pueblo, el policía nos dice que su camioneta (furgoneta) está malograda, que se la llevaron a la ciudad más cercana a arreglarla, señorita. Nos despedimos del policía y nos acercamos al Municipio del pueblo a pedir ayuda : "Tenemos un enfermo señor y tiene que ser trasladado hacia el río Pampas". El alcalde del pueblo nos dice en diez minutos pero nunca aparece.

"Vamos en la ambulancia. señorita", me dice el médico de pronto.

Y yo me pregunto en cuál.

A los pocos minutos el señor de la posta aparece con una mini-ambulancia (una furgoneta blanca con una cruz rojaadaptada a las circunstancias). Los médicos quieren echar a Dolf sobre una camilla medio inestable en la parte de atrás, pero al final los convence de ir adelante.

Escena final : descendemos la gran montaña, dos horas en automóvil, yo echada atrás en las camillas y Dolf sentado adelante del carro con el chofer.

Al llegar al río nos encontrarnos con Didier, nuestro médico. La policía de carreteras los va a llevar hacia Abancay "para que le hagan una radiografía al señor". Yo trepo a la bicicleta y tardo muchas horas en llegar al poblado más cercano Chincheros. Un día largo en bicicleta.

martes, 14 de septiembre de 2010

A lo largo del río Mantaro

Este es el camino que uno Huancayo a Ayacucho. Una hermosa trocha que bordea el río Mantaro
El río Mantaro al fondo. Es un vaivén de subidas y bajadas leves. El camino está afirmado
El río Mantaro parece una laguna. Sus aguas iluminan a millones de peruanos.
Nubes de tierra ocasionados por camiones y otros vehículos que quieren ser más rápidos que cualquier otro
En uno de los pueblos del camino, La Esperanza, nos sorprende la procesión de la Virgen de Cocharcas, y una banda de músicos tocando el saxofón y el arpa ayacuchana
El cura bendice el santísimo día para que horas después todos los feligreses se dediquen a celebrar la fiesta patronal con tragos
En nuestro descanso vienen los niños a preguntarnos quiénes somos, adónde vamos y qué hacemos allí
El camino continúa hacia Ayacucho entre cactus y montañas de diversos colores.
Y trepa y trepa y sigue trepando...

martes, 16 de septiembre de 2008



13 de setiembre

Trepo dos mil metros de altura en bicicleta. Llego a la meseta. El ichu, la yareta, forma parte de mi paisaje. Hoy es mi cumpleaños. Mi bicicleta está cargada de globos rojos y blancos como la bandera del Perú.
Acampamos a 4.200 metros de altura. Nuevamente el frío, pero nosotros más preparados. Pisco en la puna.


12 setiembre


Mañana es mi cumpleaños. Estoy en Ayacucho. El camino hacia aquí fue uno de los más hermosos que he recorrido en los Andes. Como expliqué en mi anterior post, la gente muy linda nos recibió en cada pueblo con los brazos abiertos y con una sonrisa.
Los rastros del terrorismo no son visibles antes de llegar a la ciudad, pero en Ayacucho hay muchos policías. Es una de las ciudades más bellas que han visitados mis participantes de los Andes Trail. El sol del mediodía, la gente en los arcos de la plaza, las treintaicuatro iglesias forman parte del esplendor del pasado de este lugar. Me pregunto ahora: ¿Qué pasó con Ayacucho?
Ayacucho fue el territorio más poblado en la época anterior de los Incas. Quizás fue una de las zonas en donde se rendía tributo a los dioses andinos, en donde habían muchas huacas (por eso los españoles construyeron muchas iglesias aquí). Ayacucho fue también uno de los territorios más importantes de la colonia, y a la vez el lugar donde se dio la última batalla de ante el ejército español, la batalla de la Independencia. Ayacucho es el nombre de una ciudad que figura en gran parte de las calles de las ciudades latinoamericanas (incluidas españolas) y en los libros de historia. ¿Qué pasó con Ayacucho?

Ayacucho lamentablemente fue uno de los focos del terrorismo. Quizás es esa la razón por la que Ayacucho perdió esa vitalidad y esplendor que tuvo en el pasado. Lamentable, la verdad. La gente por momentos no parece recordar esa etapa de su historia, pero veo en la plaza exposiciones sobre la gente desaparecida y las investigaciones realizadas posteriormente, también una pantalla gigante con videos sobre aquellos oscuros tiempos. Pienso en los familiares de los desaparecidos, trato de imaginar cómo fueron aquellos tiempos. La pesadez de aquellos años se siente en el recuerdo, en un recuerdo no olvidado.
Hoy Ayacucho tiene vida. Yo vine aquí por primera vez hace casi ocho años y parecía una ciudad desértica. Hoy camino por las plazas, voy al mercado, visito algunas iglesias y consigo ver vida en la ciudad. La gente sonríe más, nos saluda, tienen sus propios negocios, toca la bocina sin miedo. Hay pizzerías, cafés, casonas con zaguanes. Es la ciudad más española que hemos visitado.

Espero ver a esta ciudad como lo fue antaño. Mañana dejo Ayacucho, me gustaría quedarme unos días más aquí.

martes, 9 de septiembre de 2008

Hoy me voy hacia el Perú profundo. Cruzaremos la región Huancavelica y entraremos a Ayacucho. Seguiremos el afluente del río Mantaro por los pueblos de Izcuchaca, General Cáceres, La Esmeralda y Pacchas. Entraremos después por Huanta hacia Ayacucho. Espero que todo nos vaya bien. Yo iré los próximos días en el carro del refrigerio, estoy un poco resfriada. Mañana quizás monte bicicleta.
A mis ciclistas les digo que esta es la región más pobre y olvidada del Perú, nosotros solemos llamarla como el Perú profundo. Ellos me miran admirados por tanta variedad en el país. Me preguntan: ¿El corazón de los Andes? No sé si pensar que es el corazón.... ustedes amables lectores qué opinan de esto: ¿cuál es el corazón de los Andes?

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