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sábado, 7 de agosto de 2010


6 de agosto

MITAD DEL MUNDO .- Salimos una mañana soleada desde La Mitad del Mundo, el lugar simbólico, la línea amarilla que divide el mundo en norte y sur. Treintaicinco ciclistas de varias partes del mundo.

Este lugar famoso por ser el monumento que representa al ecuador congrega a centenares de personas que año a año llegan para poner un pie al norte y el otro al sur, extraña sensación.

Los ciclistas colocaron sus bicicletas en la línea ecuatorial con una rueda al otro lado del orbe.




LATITUD CERO .- El letrero amarillo con las coordinadas en cero cero cero. ¿Dicen que aquí no es la verdadera mitad del mundo? Alguno se queja y me pregunta por qué no fuimos doscientos metros más allá donde está la mitad del mundo.

Leo esta noche en una enciclopedia que hace casi más de un siglo varios geógrafos determinaron este lugar como el ecuador. Sin embargo apareció el GPS. Y el GPS marcó unos parámetros diferentes, a dosciendos metros más al norte.

Yo le creo a los geografos antiguos. No me importa sentirme equivocada. Igual hemos estado aquí. Después a Ushuaia.



INAUGURACIÓN .- Nada de champán ni la conocida cintilla ni tampoco los aplausos formales de un grupo de gente bien vestida.

El Director de la Ciudad Mitad del Mundo llega al lugar donde se encuentran los ciclistas a inaugurar 'oficialmente' el evento pero no señores a él le toca inflar la cámara de una bicicleta "HASTA QUE REVIENTE".

El señor infla e infla y se pregunta qué cosa estoy haciendo aquí, bien al sombrero de paja, bien al terno con corbata. Infla e infla, la gente presente empieza a reir hasta que, en el momento en que todo el grupo de ciclistas piensa "esta llanta no va a reventar", PUM ! y el sombrero del director al suelo. 



CORAZÓN LATINOAMERICANO .- Aquí estamos también en medio del grupo de ciclistas abrazados observando a alguna parte de la l{inea ecuatorial, quizás pensando en sueños, en ideales, en cosas que no nos parecen imposibles.



QUITO .- Aquella ciudad sumergida en las montañas mezcla de olores andinos y música tropical, en donde los aviones aterrizan casi encima de edificios y las largas avenidas : la Amazonas, la 10 de agosto y la 6 de diciembre que le dan no sólo una identidad a sus habitantes sino también a todo el país con fechas y nombres de heroes patrios. Y también las iglesias que guardan mitos resguardados por la oralidad de los fieles.

Después de dejar la Mitad del Mundo pensamos ahora sí en irnos al Fin de la Tierra. Las piernas pedaleando, los brazos sujetando y cuidando, jugando con el tráfico de la ciudad e internándonos en un mundo de edificios. Hoy nuestro viaje termina aquí, después otros poblados : Latacunga, Riobamba, Guamote.... hasta el corazón de los Andes.

viernes, 6 de agosto de 2010


La aventura de este viaje empezó semanas atrás. Primero fue el trámite de envío de dos vehículos de apoyo por barco desde un puerto belga llamado Zeebrugge (cerca a Amberres) y luego el trámite de recibir esos vehículos en El Callao (Lima, Perú). La tarea no fue fácil, al contrario, sólo papeleos, en busca de intermediarios, entre otros.


EL CALLAO .- Mi jefe, Rob, tuvo la intención de enviar los vehículos hacia un puerto Ecuatoriano llamado Manta (cerca de la ciudad de Guayaquil), sin embargo, a última hora el barco cambió de itinerario y su puerto de llegada iba a ser El Callao (en Lima, Perú).

Yo nunca imaginé que terminaría en el Callao ejerciendo el papel de una agente de aduanas. Si no hubiese sido además gracias a la embajada del Perú en Holanda, a quienes visitamos antes de empezar este trámite, quizás aún estaría allí en El Callao peleándome con la gente y esperando interminablemente a que me pongan un sello que diga : “apto para el levante”.

Pero así estuve durante 11 días con sus 11 noches. Y después de largas jornadas esperando en las mil y un ventanillas de este puerto marítimo, conseguimos sin problemas sacar los dos vehículos de apoyo de Bike Dreams.

Siempre desde pequeña había escuchado hablar de los malos tratos y manejos del puerto principal de mi país, sin embargo mi jefe en un momento de desesperación aceptó enviar los vehículos. “Madre mía, lo que me espera”, pensé.

Nos hicieron problemas por dos refrigeradoras que llevábamos en el vehículo, además por algunos comestibles (barras de energía para los ciclistas) e hidratantes, incluso por nuestras propias medicinas, y el colmo de todo, por unos mapas de Perú que habían en algunas de nuestras guías de viajes. Los jefes de aduanas nos decían: tienen que nacionalizarlo todo. Y yo les decía: ¿Para los tres días que el vehículo va a estar en tránsito hacia el Ecuador?

“¿Y por qué no los envió mejor al Ecuador?”, me decían los intendentes.

Ahora soy una experta en trámites en puertos marítimos. Al final conseguí que me lo sacaran todo en un día.

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29 de julio

CAMINO A QUITO .- Después de un día de descanso, pues los trámites en aduanas casi acabaron con nuestra energía, nosotros partimos con los dos vehículos: ex-camiones de bomberos (ver fotos) hacia el Ecuador. Un viaje de dos mil kilómetros hacia la línea ecuatorial. Y una frontera.

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30 de julio

PIURA .- (ciudad al norte del Perú, en medio de un decierto poblado de algarrobos)

Es como si no me hubiese ido (aquí viví alguna vez).

Las calles son las mismas, los rostros también.

Ésa transversal a mi vieja casa con el mismo zapatero de la esquina, me saluda.

Me asomo ahora a la otra / vieja avenida.

Los mismos árboles que van en medio de las pistas y que yo montaba en bicicleta, sí aquella, la bicicleta que se cuidaba de no pisar los algarrobos, en dirección a la Universidad.

Coches que van y vienen, mototaxistas acelerando e inmiscuyendo, bocinas y tubos de escape que se mezclan y variadas músicas que salen de los parlantes de cualquier tienda, carro, casa, tandas de jóvenes que ríen en las veredas, muchachitas con la cerveza en la mano,

Poco a cambiado, sólo alguna que otra tienda o banco o farmacia nueva, el resto es lo mismo, como si nunca me hubiese ido.

Un taxi me conduce al viejo barrio de los amigos. Los veo allí al llegar, sentados en el muro de una casa, la misma que visitaba con frecuencia hace muchos años, el mismo color, blanca, las rejas negras.

- ¿Le has cambiado las ventanas?

Me abrazo con ellos, los saludo, me río también, la misma.

Me preguntan : ¿qué haces aquí? Les explico.

El viaje Quito – Ushuaia. Los camiones en aduanas. Los papeleos en Lima. Los pocos kilómetros que podemos recorrer por día “porque los camiones no son muy rápidos”, apretas el acelerador hasta el fondo y solo dan 80 por hora.

Bebemos cervezas, visitamos a un amigo a quien no veo hace mucho tiempo , otro aparece por allí y pienso en lo mismo... me cuentan de la vida de cada uno, de los hijos que han nacido, de los matrimonios fallidos... y de lo que pasa en la casa de los vecinos.

Algo ha cambiado, por lo menos, digo.

Ahora duermo casi, después de recorrer las arterias de esta ciudad polvorienta.

Que siempre vivirá así medio dormida sobreviviendo el desierto.


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¿Qué siginifica esa filosofía, volver a esos espacios que se empolvan en el recuerdo y que yacen allí como los libros más viejos de una biblioteca, y que son pocas veces vistos?



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31 de julio

LA FRONTERA .- Salimos temprano a la carretera.

Volvemos al volante por una línea gris que se pierde en el horizonte. Es una línea recta. Un desierto poblado de acacias semimuertas.

Sullana, Talara, Máncora, Tumbes, los nombres de las últimas ciudades en el norte del Perú.

Huaquillas, Machala, las ciudades que nos reciben al sur del Ecuador.

Cruzamos la frontera.

¿Qué cambia al cruzar una frontera?
Las aduanas en la frontera son muy amables. No es un mercado de abastos ni tampoco esa multitud de gente que espera en largas colas a ser atendidos.

Es una frontera nueva. Sin carros, una moderna carretera, nos estampan nuestros pasaportes, el carné de pasajes, nos piden nuestros datos, estamos en el Ecuador.

Primera impresión : otro territorio, el mismo idiomas, pero gente que mira diferente.

Es así, las miradas, los uniformes de los policías, los vendedores ambulantes a un lado de la carretera, las placas de los automóviles, aunque la música sea casi la misma, son diferentes.

Y también el color del paisaje : totalmente verde. Bananos que crecen sin que se los siembren a lo largo de la carretera y que nos acompañarán hasta llegar a Quito, la capital del país.

Le pregunto a un guardia Ecuatoriano dónde debemos sellar los pasaportes. Me dice que en otro lugar distinto a su puesto fronterizo.

- ¿En aguas Verdes? –le pregunto con mis pocas referencias (Aguas Verdes es lado peruano)

Y después de mirarme un rato medio incómodo quizás recordando una antigua guerra, medio molesto también, me dice :
- No confunda señorita, eso es del lado de allá, del Perú.

Sellamos los pasaportes y seguimos, esa lucha por la frontera que temrinó en la firma de un acuerdo de paz que, atravesando los primeros pueblitos, pienso, que a muchos hasta ahora incomoda aceptar, ese territorio reclamado al Perú, parte del Amazonas, no fue recuperado.

Los pueblos aquí tienen una arquitectura diferente, veredas con portales medianamente hechos y gente friendo parrilladas con todos los tipos de carnes.

Para llegar a Quito aún nos faltan 500 kilómetros, pero mi jefe anda mal.

Mañana intentaremos llegar a un poblado Santo Domingo que en el mapa se ve lejísimos de Machala. ¿Conseguiremos llegar allí antes del anochecer? Mi intención es llegar a Quito pero no depende de mí.

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1 de agosto

SANTO DOMINGO .- Dormimos aquí. La ciudad no es nada de otro mundo, varios negocios de pollería, internet, tiendas pequeñitas. dormimos en los camiones, en un Centro Cristiano. Paso una mala noche, ya quiero llegar a Quito.

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2 de agosto

QUITO .- Llegamos a Quito. A esta ciudad larga, de 48 kilómetros de largo metida en un valle.

En el hotel me encuentro con los participantes, de varios países, cada uno un nombre diferente. Voy a la habitación del hotel para dormir lo que queda del día. Poco a poco los iré reconociendo. Necesito descansar un poco antes de empezar estos 128 días.

En la tarde me encuentro con una de mis grandes amigas. Bebemos un café en la Plaza Foch, famosísima por sus bares y restaurantes.

Al día siguiente despierto : ahora sí a preparar la inauguración del viaje.

sábado, 9 de agosto de 2008



Hoy salimos hacia Latacunga, una pequeña ciudad a 100 kilómetros de Quito. Los ciclistas partieron en caravana por la Panamericana de la sierra ecuatoriana. Es impresionante la cantidad de smog que hay en estas ciudades, aunque ese no fuera un impedimento para los ciclistas.
Latacunga es una ciudad con un mercado que abarca gran parte de ella. Me fui de compras a ver a las mujeres ecuatorianas... muy simpáticas ellas. No me creían cuando les decía que era peruana.
Los ciclistas llegaron agotados. Felizmente les pudimos preparar un refrigerio rico en calorías y líquido. Todos están ahora durmiendo su siesta en sus cuartos. Todos se están preparando para mañana.

-Muy fuerte, Susana – me dice Geert- Casi me quedo a media subida.
-Yo tuve que bajar de la bicicleta dos veces –añade Len, el canadiense.

Poco a poco se irán acostumbrando a los Andes, que desde aquí se ven majestuosos. Los ciclistas ya se bajaron un pote de miel y dos de mermelada. Necesitan calorías. Muchas mañana porque nos vamos cada vez más y más al sur.




8/8

La partida ayer fue un acontecimiento que nunca vamos a olvidar. Salimos a las 8 de la mañana hacia la Mitad del Mundo, desde el hotel en Quito, por una avenida larga llamada 10 de agosto. Los ciclistas fueron por la vía del Trolebús, mientras que nosotros, Wilbert y yo, en el Chevy en medio del tráfico.

Los administradores de la Mitad del Mundo ya nos estaban esperando. Antes de llegar, yo me preguntaba si era cierto aquella promesa del viceministro de turismo días antes, y sí lo fue!! Una señora muy amable en la entrada nos dejó pasar sin ningún problema al complejo turístico. Incluso nos puso guardia para las bicicletas.


No sé cómo me las agencié para que la administradora nos pusiera algo de música ecuatoriana, además nos guiaron en el museo de sitio del monumento.

Bike dreams estuvo contento este primer día. Hicimos un pequeño picnic en una de las cabañas, subimos a la torre de la Mitad del Mundo, flameamos nuestra bandera “The Andes Trail”. Una experiencia muy simpática para todos los participantes.



El momento más memorable fue la partida. El viceministro lleó con la prensa ecuatoriana a inaugurar el evento. Me volvió a dar dos besos, sonriente. Lo vi muy contento repartiendo banderas pequeñas de ecuador de diferentes colores. Rob le pidió que inflara una llanta de bicicleta “hasta que reviente, señor”.

Uno, dos, tres, cuatro................. pum !! Reventó !!

Todos partimos hasta Ushuaia. La primera noche la pasamos en el Hotel en Quito, después Latacunga, y así sin parar hasta el fin del mundo.

Hoy 8 de agosto inauguramos “The Andes Trail”. Inolvidable.



Today we started from The Middle of the World. The Tourism Viceminister from Ecuador opened the trip. Everyone was happy !!

viernes, 8 de agosto de 2008




Letter from Wilbert Bonné


"The Andes Trail" is running...The first edition of "The Andes Trail" started this afternoon at the base of the equator monument just north of Quito. The Ecuadorians call it : “Mitad-del-Mundo”, the Middle of the World. The last week was very hectic to get everything ready on time. The container with our 4x4 and all our equipment didn’t arrive at time. We had to improvise a lot of things. A second vehicle, some basic equipment, a new spare wheel and lock for the Chevy, some carpenter’s work inside the Chevy ( thanks to 40 years experience of Geert ), shopping for food, and a lot of other things. The most time we spent probably in the Chevy to run from this place to another. And the traffic jams in the city didn’t work in our advantage. But, everything was ready before the briefing on Thursday evening in the Hotel Plaza Internacional. The riders all arrived on time, not all bicycles.
In the early morning hours of August 8th I picked up the Chevy from the parking area, went to the petrol station and on my way back to the hotel I got bumped by a city bus from behind when I was standing still at a traffic light. Yeah, thank you. Why not. After a missing container, a stolen spare wheel and a broken lock, we still missed a collision. The damage was not too bad on the Chevy, but the city bus ripped open for more than two meters in the flank. The bus driver stopped to see what happened. My lack of “played” anger and Spanish ( probably the last ) didn’t help me to get everything arranged the way we should solve it in a western country. We had to solve it on the street without police, paperwork or insurance. The end of the deal was that I got all his earned money of the day. Unfortunately it was just 6.30 in the morning. I “earned” 70 US dollar ( yes, they pay with US dollar in Ecuador ) and we are a dent in the Chevy richer. We did not even start the tour yet. What will all happen before we are in Ushuaia? Do we still have a Chevy? And if yes, in which condition? I don’t wanna think on that… First the start.
The first 26 kilometers from the hotel in the center of Quito to the Mitad-del-Mundo went smoothly despite lots of traffic. We were welcomed very well at the Mitad-del-Mundo monument and we got a guided tour ( the first and last guide tour of the whole journey I guess ) through the museum inside monument. After the photo session the vice minister of Tourism Alfonso Aguilar said a few nice to the cyclists ( he actually wanted to join ) before he blew up a bicycle tire. It was the sign for a group of brave cyclists to start pedalling 11.000 kilometers along, through and over the longest mountain range in the world. Destination : Ushuaia in Argentina, “Fin-del-Mundo”, The End-of-the-World.
The nice bunch of cyclists that stood at the start pretty relaxed was limited, 18 in number. The cyclists that found their way to the capital of Ecuador come from Belgium, Canada, Ireland, France and The Netherlands. Males and Females. Ages between 28 and 65. They all are going to defy Andes Mountains. We all don’t know what to expect. Yes, ADVENTURE with capitals. Keep up reading the CORREOS, to see what’s happening in Latin-America.




Los participantes llegaron el martes y miércoles por la noche al Hotel donde todos estamos alojados. Ellos son un grupo de 14 personas. Holandeses, irlandeses, franceces, un canadiense y dos belgas conforman parte de esta travesía que vamos a hacer por los Andes.
Wilbert dio una pequeña presentación en la noche. Su forma tan tranquila de hablar le tomó dos horas para explicarlo todo. Es un gran muchacho que me dice siempre "hola chica", en su poco español.

Cada participante es un personaje. El canadiense es un hombre ya jubilado (bueno, la mayoría de los participantes son jubilados) que es un carnívoro por antonomasia. No puede vivir sin carne. Su nombre es Len. Me contaron por aquí su historia del África. En un momento del viaje no habia carne en la zona que ellos recorrían, por Sudán. Él se desesperó tanto que cogió un avión y se regresó a Canadá a comer carne. Luego volvió al Africa a seguir con el tour (donde sí había carne).
El participante belga se llama George y es el olvidadizo del grupo, pues en su primera noche en Quito olvidó su cámara de fotos de tres mil dólares en un restaurante. Tuvo suerte el hombre, pues, los meseros le guardaron la cámara (todavía existe gente decente por aquí).
Geert es un holandés también jubilado que es el zen del grupo. Nunca vi a un hombre tan calmado y además tan fuerte para montar la bicicleta. Hoy lo vi en su bicicleta, el primero del grupo, junto a Rob.

Gerard es otro holandés jubilado muy muy tranquilo, el callado del grupo. Tiene bigotitos y no es de muchas palabras. Yo no he podido hablar mucho con él
Dick es también un holandes jubilado (ven? todos son jubilados aquí) que desde el primer día tuvo problemas con la muela. Es un tipo que siempre tiene una sonrisa. Felizmente le ayudé con la muela. Una amiga dentista (amiga de una amiga mía) le mató el nervio en dos días.
Joop y Mint son una pareja de esposos también holandeses (es que además de jubilados todos son holandeses aquí, jeje). Esta pareja me encanta porque la señora Mint acompaña a su marido ciclista adonde vaya, así sea a Quito - Ushuaia. Impresionante.
André es otro holandés , pero NO jubilado. Allí monta gracioso su bicicleta.
Y los tres irlandeses son una pasada. Ayer nos llevaron al pub y ellos no paraban de pedir cervezas. Nosotros ya queríamos ir a dormir. Nos fuimos a dormir. Uno de estos irlandeses tiene una novia francesa que también está sobre la bici. Ellos usan las camisetas verdes, mismo equipo del tour de france.

Falta hablar de nosotros seis, parte del equipo de apoyo de Bike Dreams. A Rob y Wilbert ya los conocen, los jefes, los muchachones... Estoy yo que soy parte de la logística y el apoyo con el idioma español (peruana - holandesa y con orgullo). Pero también están Kirsten, la cocinera; Exald, el mecánico (otro cervecero) y Didier un belga muy simpático que ha trabajado años en hospitales en la sección de emergencias.

Estos somos nosotros los participantes. Espero no estarme olvidando de alguno de ellos. Hasta la próxima.

miércoles, 6 de agosto de 2008


Todas las cosas que tengo que hacer para lograr que salga el container de Guayaquil. Usar mi apellido Montesinos, mi charm y mi buena labia, conquistar a los viceministros y jefes de aduanas del Ecuador... si la gente supiera cómo tuve que agenciarme en la Cámara de Comercio de Turismo, el gordito que nos atendió fue de lo más amable y servicial, caminaba con dos teléfonos en mano llamando por un lado al viceministro de turismo y por el otro al agente de aduanas en guayaquil. Toda una autoridad.


-Señorita, este evento es grande, tenemos que avisarle a todos !!

El charm, eso lo aprendí del buen Charlie, es la primera de todas las armas para conseguir lo que uno quiere. Ducharse todas las mañanas, ponerse el traje Barbie Explorer de color morado, el pañuelito en la cabeza, los aretes de la abuela arequipeña (y el anillo), nada mejor para conquistar a las autoridades de por aquí.

-A las 3 de la tarde tiene cita con el Viceministro, señorita.

Wilbert y yo, que también es parte de la historia pero a un ritmo silencioso, pues soy yo la que habla, vamos corriendo donde el Viceministro de Turismo, un edificio de cuatro pisos, así medio despintado pero ordenado, en pleno parque de la ciudad. Tres secretarias nos atienden muy amables ellas y nos piden esperarlo un momento al viceministro señorita que ahorita sale. Nos hace pasar al mismo despacho de la autoridad, a sentarnos ante una mesa larga con varias sillas alrededor. Allí llega el viceministro. Muy simpático él. Nos saluda en inglés

El segundo punto a favor para que uno consiga lo que quiere en la vida es la expresión; buscar la mejor manera de convencer sin dejar la honestidad. Le explico al ministro nuestra situación. Le describo el viaje que vamos a hacer y el problema del container en Guayaquil. Me dice "¿pero cómo van a viajar sin sus cosas?". Él busca la manera de llamar al agente de aduanas en Quito con la intención de recomendarnos en Guayaquil (el puerto), pero nadie le contesta. Les insiste a las tres secretarias que sigan intentando...

-¿y usted cree que nos permitan entrar a La Mitad del Mundo con bicicleta, señor? -pregunto.

El ministro llama por su otro teléfono al director de La Mitad del Mundo. La Mitad del Mundo es el monumento por donde pasa la Línea Ecuatorial. El director le contesta al ministro.

El ministro me pasa el teléfono a mí.

-¿Catorce bicicletas? Claro señorita, los dejaremos pasar gratis también, así con banda de música y todo. No se preocupe que voy a mandar la orden ahorita mismo.

Y tercero, el apellido Montesinos. Ese karma. A veces te miran de mala cara, otras se asustan y te preguntan por el parentezco.

-Y dígame usted señorita. ¿Es usted algo del señor... usted sabe a quién me refiero?

Yo me pongo super seria, no debió hacer esa pregunta, señor, pienso.
Me río de la mejor manera, y no pronuncio palabra. El silencio es más elocuente que nada.

Al despedirnos el Ministro no me da uno sino dos besos (casi como en Holanda). Wilbert se mata de la risa, yo me sonrojo un poco. Esas son las formas con las que conquistamos. Ahora sólo queda esperar si todo lo que sucedió es real o no. Yo me sigo preguntando: ¿habló realmente con aduanas? ¿es verdad que nos dejarán pasar gratis y con bicicletas y banda de música al monumento de La Mitad del Mundo? Ya les contaré en mi siguiente post. Hasta la próxima.

sábado, 2 de agosto de 2008



Llego a Quito una mañana de invierno andino. El sol entra por la ventana del vehículo, mis brazos reciben el calor. Sigo una autopista entre paisajes verdes, con arbustos, flores de colores violetas, amarillas y rojas, y eucaliptos. La mitad del mundo es un valle habitado por dos millones de personas. La entrada a la ciudad es tranquila.

Llego en un bus desde Macará. Rob y Wilbert están cruzando el Ecuador por los Andes, mientras yo por la costa en un bus interprovincial. El viaje no está mal. Los asientos son reclinables, la gente muy simpática, comemos en restaurantes buenos y vemos paisajes que para mí son espectaculares. Es increíble, cuando uno cruza la frontera cambia el color de la naturaleza, la forma de hablar, incluso las costumbres. Los ecuatorianos son amables. Me creen gringa y lugareña, a la vez.


¿Por qué me fui en bus hasta Quito y no con Wilbert y Rob?

Debo adelantar trabajo en la Mitad del Mundo. Buscar periodistas, hablar con los directores de los centros de cultura, buscar contactos que nos permitan iniciar bien esta travesía. El trabajo está perfecto. El idioma me ayuda a hablar con gente de los periodicos, la radio y la televisión. Ojalá estén el 8 de agosto en la mitad del mundo. Eso espero.


En Quito me recibe una gran amiga mía que conocí en mis años en Piura. Paola de la Vega vive cerca al centro histórico de la ciudad y ella y su familia ya me conocen de una visita previa que hice en el año 2003.

El primer día, ella me lleva entusiasmada al centro antiguo de la ciudad. Me recuerda a Arequipa, Cusco, Cajamarca, la diferencia es que Quito es una capital. El centro histórico me sorprende muchísimo. La plaza de armas a pesar de no ser tan grande como la de Lima, es acogedora. Hay mucha gente esperando en las bancas alrededor de la estatua de la libertad. Dicen que el presidente de la república va a salir a saludar a la gente, que siempre lo hace por la puerta delantera de palacio.


Aquella tarde tomamos un café en una callejuela cerca al barrio San Francisco, en el centro. Paola me cuenta que San Francisco era un lugar de maleantes. Sin embargo, hace un año y medio que el alcalde limpió todo el centro histórico. Ahora el centro de histórico es Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Estos primeros días en Quito son tranquilos. Hice mi trabajo, descansé un poco del ajetreo del viaje. Anoche salí con un grupo de gente quiteña en una velada cultural. Ese grupo de gente tocó guitarra y cajón peruano en una casa colonial preciosa, desde sanjuanitos ecuatorianos a zambas y valses criollos argentinos y peruanos. Excelente forma de empezar el viaje !

miércoles, 30 de julio de 2008


29/7

Hoy llegamos al Ecuador. Estamos en Macará durmiendo una siesta de noche. La oficina de aduanas nos tuvo esperando varias horas en el puente que une el Perú y el Ecuador. El problema no éramos nosotros sino el carro que de acuerdo a las autoridades peruanas “faltaba un sello de autorización de la oficina de impuestos”. Felizmente el señor gordito que nos atendió: un moreno grandazo que parece haber vivido todo el tiempo en esa localidad no nos hizo demasiados problemas, sí nos mantuvo una hora explicándonos cuál era el problema que nosotros debíamos arreglar en nuestro regreso al Perú.

-¿Es que quién me garantiza que ustedes no se van a llevar el auto para Holanda, señorita?
Claro, él creía que nosotros íbamos a cruzar la frontera y nadar hasta el contienente europeo con el camioncito.

-Señor, nosotros vamos a volver al Perú dentro de veinte días con un grupo de gente desde el Ecuador.

En fin. Hablar con el señor fue una práctica de buenas maneras. Al final cruzamos Rob, Wilbert y yo al lado ecuatoriano prometiendo devolver el carro al Perú, es que claro el auto es peruano, señores.

Del lado ecuatoriano un guardia muy simpático nos dice que esperemos que el señor que da las autorizaciones para cruzar las fronteras fue a hacer deporte. Nosotros nos sentamos en la berma del puente fronterizo y nos dedicamos a comer aceitunas. Esperamos alrededor de una hora o más. El día ya oscureció. Por un momento pensamos que teníamos que sacar el eslípin para dormir allí en territorio de nadie.

-Señor, ya vino el señor de las autorizaciones.

Nosotros nos paramos y vemos gente amontonada en una ventanilla. Allí hay dos señores vestidos con canilleras, zapatillas futboleras y camisetas de algún equipo local.

-¿Es usted el guardia que da las autorizaciones?
-Yo soy el coronel señorita, me dice sonriendo.

Acababa de llegar de un partido de fútbol. Su equipo ganó.
Sellos van y vienen. La autorización para usar el auto peruano en Ecuador es un simple papelito que nosotros pegamos en el parabrisas con cinta adhesiva.
Estamos en Macará y ahora vamos a dormir.
Bike Dreams pensó en utilizar un segundo auto de apoyo para este viaje. El primero lo estamos manejando nosotros, ellos lo alquilaron en Arequipa. El segundo... hum... ¿qué pasó con el segundo carro? Está en Las Bahamas en un container que tiene que llegar a Guayaquil en barco.
Cuando Rob me contó en Holanda que iban a enviar un container con un auto, bicicletas y herramientas de cocina, entre otras cosas, por mar a sudamérica, yo pensé: “estos están locos”. Mi amiga Paola diría: “estos gringos”. Mi prima Martina se mataría de la risa (casi es lo mismo que los shorts de Rob en el avión). Faltan diez días para que empiece la travesía y el container, vuelvo a repetir, está en las Bahamas.
Yo no quiero ser bruja, tamposo adivina, no lo quise ser desde que empecé esta travesía. Yo creo que el container va a llegar a Guayaquil, pero todavía en dos semanas a lo menos, o quizás más. El caso es que cuando ellos me dijeron: “vamos a enviar las cosas por barco”, yo quise creer que las herramientas del viaje: auto, bicicletas, etc. iban a llegar a tiempo.
Quise creer en Rob. Y sigo creyendo que fue una locura enviar las cosas demasiado tarde (7 de julio!!). Ellos saben, no es mi problema.

martes, 29 de julio de 2008


Todavía recuerdo a Nina hablarme de Olmos. Nina es una amiga que estudió conmigo en la Universidad de Piura, que vivió conmigo un tiempo en la misma casa. Olmos es una ciudad-pueblo al norte de Lambayeque, un lugar en el que nunca estuve pero de la que mucho oí hablar. Ahora estoy aquí pasando la noche con Wilbert y Rob. Llegamos al atardecer.

Nina siempre me contaba una historia que ahora no recuerdo bien. Ella siempre relataba la historia del fenómeno de El Niño en el año 1983, cuando el cielo no cesó de llover sobre el desierto.

“el cielo se ponía rojo y nosotros ya sabíamos que iba a llover”, contaba Nina, el día se oscurecía y no paraba de llover. Las gotas de agua caían gruesas sobre Olmos y todas las ciudades de los alrededores. Las calles se convertían en canales de agua y las plazas en lagos. Musgo empezaba a crecer en las paredes de las casas. Los insectos a multiplicarse. Renacuajos se convertían en sapos. Mosquitos en zancudos.

Después de instalarnos en el hotel de una estrella del pueblo WIlbert, Rob y yo caminamos al centro de la ciudad. Vamos en busca de un restaurante que nunca encontramos. Por allí nos sentamos en una panadería a comer dulces y sandwiches. Los grillos saltan por doquier, hay una plaga. La ciudad es en realidad un pueblo con postes de luz que no alumbran, dizque para ahuyentar a los grillos.

En el niño del ’83 Nina tuvo una experiencia que nunca olvidará. El río de Olmos que normalmente es una acequia de agua se convirtió en un monstruo cargado de troncos que venían navegando desde las serranías. “Nosotros vivíamos asustados, pues el río ya quería desbordarse”, me contaba como si volviera a vivirlo.

Y el río se desbordó.

Nina vivía cerca a la ribera del río, pero ese día la ribera se convirtió en el mismo río, que pasó a ser una laguna sobre Olmos, a entrar con su corriente a los primeros pisos de las casas, a invadir los campos de fútbol, los colegios, la posta médica, la municipalidad. Nadie tenía opción a correr, sólo subir al techo de las casas para salvarse del desastre.

Pero Nina no estaba en su casa. Ella había ido al campo con su familia. Ella era una niña de seis años de edad. Lo único que hizo el padre fue decirle a sus hijos que suban al árbol que tenían al alcance. El padre trepó como pudo el tronco de un algarrobo. No sabe cómo consiguió subir a su esposa y sus hijos. Ellos pasaron el día y la noche agarrados a las ramas mientras el agua poblaba como una laguna el desierto de Olmos. Nunca habían visto tanta agua en su vida.

Ahora Nina ya no vive en Olmos, en Arequipa. Yo estoy en Olmos y la recuerdo mientras paseo por esta ciudad-pueblo y respiro el aire de mis años universitarios. Seguro mañana pasaremos por el grifo Beni y el árbol donde sobrevivió la familia Olazábal. Yo ya estaré con la mente puesta en otra historia y en los grillos que ahora invaden mi mochila.

28/7

Hoy es fiestas patrias en el Perú. Los autos cargan banderas, las casas izan la rojiblanca en sus techos, música criolla a alto volumen en los establecimientos, el país está celebrando sus 187 años de independencia de España. El himno nacional se escucha en todas partes.
Nosotros salimos un poco tarde de Huanchaco. Después de tomar un simple desayuno enrumbamos hacia el norte directo a Pacasmayo, a darle una mirada al hotel que reservamos para ir en un mes a dormir con todos los ciclistas. El camino es derecho. Mi recuerdo nítido. La panamericana norte es como la recuerdo: llena de pueblos y caseríos a ambos lados de la pista y además con árboles y bolsas de basura que no ayudan a respirar la naturaleza. Rob está manejando el auto, no se le ve demasiado animado hoy, Wilbert pega las pestañas y yo miro atenta el camino. Esta ruta sí la conozco, pienso, aunque no todas las rutas sean como siempre las imaginamos.
En pacasmayo estacionamos el camion delante de la cochera del hotel. Pacasmayo es una ciudad-pueblo frente al mar, con un malecón y un muelle de principios del siglo veinte. Allí se ven casonas de techos altos y de madera ahora abandonadas. En la playa hay gente tomando el sol. El invierno no trajo el frío este año, esto parece una eterna primavera.
El hotel donde nos vamos a alojar se llama La Estación con balcones mirando al mar. Nosotros vamos a verificar si nuestras reservas están al día.
A la entrada del hotel hay un restaurante. Allí veo a una señora comiendo un cebiche. Me apetece comer un poco de cebiche, ese plato peruano hecho a base de pescado blanco con cebollas y limón. Se me hace agua a la boca ver a la señora comiendo ese plato fresco, pero imposible en ese momento. Nosotros subimos en un segundo piso a la recepción. Allí hay mucha gente. La recepcionista dice mucho y poco. “Alan va a hablar ahorita”, dice. Va corriendo a encender la televisión, todas las personas allí reunidas escuchan a Alan García, el presidente del Perú, decir “queridos compatriotas”. Nosotros bebemos una incakola.


-Chicos, ¿no quieren probar cebiche?
Rob me mira con cara de pocos amigos. Wilbert se ve interesado en ver de qué se trata el cebiche. Yo les digo: “es pescado marinado en limón”. Rob no dice nada, yo sé que a él le disgusta el pescado. Me gusta molestarlo.
En el restaurante del hotel nos dicen que no hay cebiche. “¿Cómo?”, me sorprende el mesero. “Es que se acabó el pescado”, dice mirando al mar. Yo le recuerdo haber visto a una señora comiendo cebiche allí hace veinte minutos. : “se acabó el pesacdo señorita, lo siento”. Yo también miro al mar.
Me llevo a los muchachos a un restaurante en la plaza de armas, prometedor el restaurante, tiene la pinta de una cebichería. Pero no. La chica nos dice: “no hay pescado señorita”.
Seguimos en busca de otro restaurante, por fin uan señorita nos dice: “aquí les servimos señores”. Nosotros esperamos... como bobos... el restaurante está demasiado lleno y hay un sólo mesero. Nos vamos.

Sin cebiche ni nada en el estómago enrumbamos hacia Lambayeque. Wilbert maneja.
-¿Qué pasa, Rob? Ya cuéntanos qué pasó.
Rob dice: “no sé por que tengo dolor de cabeza”, él sigue vistiendo shorts (los mismos del avión). Rob nos cuenta que estuvo toda la noche en Trujillo con su amigo el ciclista Lucho, se fueron a comer una pizza, “¿con sangría o cerveza?”, le pregunto yo. “Sangría y vino”. Ajá, pienso, “por eso tienes dolor de cabeza”.
La carretera sigue siendo como la recordaba. Pasamos por Puerto Etén, Reque. No hay muchos autos, algunas mototaxis y motos, gente en bicicleta y arreando mulas. Al llegar a Chiclayo evitamos la ciudad por el by-pass y seguimos hacia Lambayeque. Allí la vida es más apaciguada que en Chiclayo. Al lado derecho de la carretera está el museo de sitio de Sipán, y al lado izquierdo el ‘centro’ de la ciudad. Nosotros nos metemos por una trocha detrás del museo. Allí no hay más que casas de adobes y esteras. Sin embargo en medio de ese desierto,
Lambayeque es una ciudad pequeña, se levanta un hotel de bungalows y piscina. Un oasis en medio de la nada. Allí nos sentamos a descansar.
-Hay que ir a comer, dice Rob.
Él quiere ir al mercado, dice, porque es la mejor forma de adaptarse al lugar. Yo la verdad no tengo ganas de ir al mercado, sigo pensando en mi cebichito, le pregunto al dueño de ese hotel dónde hay un buen restaurante. No sabe explicarme lamentablemente. Wilbert termina estacionándose frente al mercado.
Qué suerte. Los puestos de comida del mercado estaban cerrados, pues yo quería mi cebichito, y terminamos entrando a un restaurante piurano al lado de los puestos de comida. “cebiche, por favor”, pido yo desesperada (por poco).
Rob se sienta en una silla blanca de plástico de playa que tiene el restaurante.
-Señor, señor, cuidado, no se siente allí !!
Rob no entiende.
-Es que ayer vino un hombre gordo y cuando se sentó se rompió la silla.
-Pero yo no ser gordo, señorita.
-Pero es grande –se ríe la señorita.
Wilbert y yo nos matamos de la risa.
-Mejor ponemos dos sillas . dice la señorita.
-¿Dos sillas?
-Sí, para que no se rompa.
Wilbert y yo nos doblamos a carcajadas, casi.
Al final le traen al pobre Rob una silla de fierros.
Al parecer la altura no es una virtud en las fábricas de sillas en el Perú. Rob no se cayó, pero después entró al restaurante todo un familión con madre, padre, hijos, abuela, y bebé incluido. La madre se sentó en una de esas sillas. Mejor no digo en qué terminó, pues esas historias de sillas rotas, son historias conocidas.

lunes, 28 de julio de 2008






27/7

Yo nunca había visto la Panamericana Norte de día. Siempre la imaginé derecha, rodeada de desiertos y arenales sucios, pero obviamente no es así.
A medio camino paramos en Paramonga a recorrer la huaca Chimú. Después seguimos ruta hacia Trujillo.
A medio camino ellos me cuentan sus historias de cómo llegaron a hacerse bicicleteros, por así decir. Empezaron recorriendolo todo en bicicleta en su país, y luego poco a poco haciendo camino hacia otros países. Bélgica, Alemania, Suecia, Dinamarca. Ahora son unos expertos de la bicicleta y han recorrido El Cayro – Ciudad del Cabo (en Sudáfrica), Tibet – Katmandú (Nepal). Su próximo reto es Quito – Ushuaia.

Dormimos en Huanchaco, bello balneario. Nunca imaginé un lugar tan limpio y ordenado. Estamos alojados en el Hotel Naylamp. Llamé varias veces a mi amigo Chicho. Lamentablemente no lo pude ver. Espero verlo a mi regreso.
Mañana iremos hacia la zona de Piura. Regresan los recuerdos, los viejos sentimientos. Ojalá nos quedemos allí a dormir.
Este viaje me da la oportunidad de volver a la memoria y a sentir el sonido de las olas del mar.

26/7

Hoy salimos hacia el norte en el pequeño bus que rob y wilbert alquilaron en arequipa. El bus pequeño, de color blanco, sólo tiene espacio para tres personas.
A ellos me los encontré en el Plaza Vea de la Javier Prado con la Aviación. Allí estaban ellos dos esperándome, Rob con sus shorts y Wilbert con sus pantalones largos. No tuvieron muchos problemas en encontrar el lugar que yo les indiqué. Me dijeron que las calles de Lima eran fáciles.

La salida de Lima fue un tanto caótica. Yo me senté entre los dos, en la parte delantera del vehículo. No pudimos evitar el tráfico ni tampoco a los vendedores de helados y banderas bicolor, pues en el Perú el lunes 28 será fiestas patrias les explico.
Oscureció cuando recorríamos pasamayo. Ningún imprevisto, nada. Dormimos en Huacho.

Huacho es una ciudad pequeña, podría decirse un pueblo grande con mucha gente en las calles y mototaxis. El lugar me recordó a una vieja historia. Una amiga mía me robó una vez un muñeco de peluche llamado ñupi. Yo adoro a mi muñeco de peluche, pues es casi tan viejo como yo y me ha acompañado por todas partes. Esta amiga se lo llevó a huacho a ‘chuparse’ unos tequilas sunrise en un bar de por allí. Para mí fue un verdadero drama. Como si mi hijo hubiese sido secuestrado.

En la noche ya en el hotel, me pongo a escribir historias para este blog. De pronto escucho gemidos y aullidos a mi alrededor. ¿A qué tipo de hotel me han traido estos muchachos?
Rob me espera en el aeropuerto de Amsterdam en shorts y yo recuerdo sus palabras algunos días antes: yo sólo duermo en los aviones. Vamos a tomar un vuelo hacia Lima, Perú, aquella mañana: un vuelo de dieciocho horas por lo menos, sobre el atlántico, a unos once mil metros de altura a la medianoche. Los dos nos saludamos dejamos las mochilas en el suelo y hacemos cola para facturar el equipaje. Felizmente ningún imprevisto nos impide seguir. A medio camino hacia migraciones saludamos a Wilbert, que tomará otro vuelo hacia Lima.
Nuestro vuelo va por Madrid. El viaje Amsterdam - Madrid es corto. La pasamos conversando, durmiendo un poco, fastidiando al vecino que le tiene miedo a las alturas. Ningún imprevisto. Rob se queja al final un poco de sus rodillas, pues es alto el muchacho y hay poco espacio entre los asientos, y aterrizamos en Barajas.

El aeropuerto de madrid es uno de los más enredados que he visitado alguna vez. Nosotros salimos al final del avión y enrumbamos rumbo a ninguna parte. Rob me pide que busquemos los vuelos de Lan para ver cuál es nuestra puerta de embarque a Lima. Buscamos en las pantallas y no encontramos nada. Nos acercamos a un centro de información y tampoco saben decirnos dónde está el vuelo de Lan a Lima. Después de caminar unas cuantas vueltas alguien nos dice que debemos salir del aeropuerto para entrar de nuevo al aeropuerto (vaya!) y buscar la compañía de aviación Lan entre las diferentes líneas aéreas quefacturan a sus pasajeros a diferentes destinos del mundo.
Después de tanto enredo en Barajas conseguimos hacer cola frente a unos letreros de Lan. Cambiamos los asientos del vuelo, pues a rob le conviene viajar en un asiento cerca a las salidas de emergencia, y nos vamos a buscar la puerta de embarque. Subir, bajar, tomar el tren, saludar a un escritor peruano llamado Roncagliolo, salir del tren y subir al terminar “R”, así dice claramente la pantalla de televisor del aeropuerto. Nos sentamos en un restaurante simpático antes de nuestra salida hacia el sur. Allí comemos un bocatta y bebemos unos refrescos para pasar la hora hasta que decidimos ir a la sala de embarque a pasar el poco tiempo que nos queda para despegar hacia Lima.

Yo no sé qué hago exactamente la hora que falta para tomar el vuelo a Lima. Sólo recuerdo que cogí una revista que un amigo holandés me regaló hacía unos días en una fiesta de despedida. Leo algunos artículos literarios entre otros y pienso en mi escritor, como siempre (nadie puede con mi genio), y en todo aquello que me espera en el viaje. Escribir, me digo, sólo me queda escribir, y vivir intensamente cada segundo.

La gente empieza a movilizarse rumbo al avión, hay una cola larga esperando entrar al vehículo aéreo. Rob me dice: “esperemos hasta el final que da lo mismo”, yo sigo ojeando mi revista que me da lo mismo esperar o no, de todas maneras teníamos que entrar al avión, la espera no es demasiado larga. Ya no hay gente en la sala.
Rob y yo nos paramos para entrar al avión.
Yo no sé qué es, pero evidentemente esta no es la parte más importante de esta historia ahora. Cuando nos acercamos a la puerta de embarque veo que del otro lado un grupo de gente corre hacia la puerta. Yo no presto demasiada atención, la verdad. Cojo mi boleto de embarque y se lo alcanzo a la señorita. Pero escucho uno voz que me es conocida, que no es Rob, evidentemente, era alguien de ese grupo de gente que se acercó corriendoa la puerta de embarque. Volteo para ver quién es y lo veo. No lo creo. Un hombre de cabello cano, no tan alto. Mis ojos lo tienen en frente. Es Mario Vargas Llosa con toda su familia. Me sonrojo y me río. Esto tenía alguna vez que suceder...

En el avión espero que rob se quede dormido todo el vuelo. La aeromoza le ofrece unos audífonos que él no acepta; le quiere dar una manta, tampoco quiere señorita. Él cruza sus piernas en shorts, se estira con la idea de dormir. Yo escribo y escribo en un blog de notas totalmente motivada, pues tengo al escritor a unos diez asientos frente a mí. Después de una hora me quedo dormida.
Despierto.
Rob tiene los brazos cruzados.
-¿Acaso no puedes dormir?, le pregunto.
-Hace mucho frío, me dice.
Lo miro y me rio. Él me mira con ojos pícaros, como si no quisiera desistir de su entercamiento de andar en shorts y sin frazada ni audífonos.
Yo no puedo dormir. Enciendo el televisor frente a mí, pongo una película de Jack Nicolson: Someone has gotta give. Me cago de la risa con las escenas de Nicolson corretenado a las jovencitas. Veo a Rob sin audífonos mirando atentamente la película. Me dice: “esa película es para mujeres”. Me mato de la risa doblemente. Parece que rob sigue viviendo en el tiempo del cine mudo.
Vuelvo a quedarme dormida, despierto de nuevo.
Rob sigue allí sin frazada. Ya se congela el pobre. Pero se levanta y busca como loco en todos los compartimentos una frazada. Cuando consigue una y regresa al asiento me dice: hace frío. Se envuelve las piernas, y se las abriga.
Duermo. Llegamos a Lima. Escucho a la esposa del escritor decir: “y ahora la vaina es recoger las maletas”. Yo le pregunto a Rob si pudo dormir algo aquella noche. Me dice que no, que hacía mucho frío y que había sido mala idea venir en shorts.

sábado, 26 de julio de 2008

Hoy salimos hacia el norte, por fin el viaje va a comenzar. Me voy hacia Guayaquil.

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Today we're heading to the North, to Guayaquil. I'm leaving Lima. The trip begins.

viernes, 25 de julio de 2008

from Wilbert and Rob
desde Arequipa, Perú

So far, so good…

We ( Susana, Rob and Wilbert ) arrived Monday morning ( three days ago ) as planned in
Lima. Susana stayed in Lima to visit family, and Rob and Wilbert flew in the late afternoon
to Arequipa. We had brilliant views over the Andes. Snow covered mountains reached
5000 to 6000 meters in the sky. It took us 1.30 hour to fly to Arequipa to cover a distance
of 800 kilometer. It will take us by bicycle a bit longer, but it is certainly no punishment to
cycle through such amazing landscapes.

We slept in Arequipa at 2300 meter between the peaks of six-thousanders with illustrious
names like El Misti, Chachani and Pichu Pichu. The altitude is nothing to worry about, but
you feel the dry air which warns you to drink enough. So, when you arrive in Quito - which
is at 2.800 meter - make sure that you drink a few extra glasses of water to avoid the
symptoms of altitude sickness. Once more : drink, drink, drink...



Our reason to come to Arequipa is to pick up the truck which we gonna us to support “The
Andes Trail”. It’s sooner said, than done. The truck isn’t the problem; it’s the paperwork.
The Peruvians like it. We needed a dozen of taxi rides, twenty telephone calls, faxes, a lot
of patience, and finally some bribes to get it done. Welcome to Peru. Hopefully we have all
necessary documents to cross the South-American borders smoothly, but it’s of course no
guarantee that we don’t run into some unwilling policemen, customs officers or other
officials. It will be all part of the adventure…

Tomorrow we hit the road to Lima – where we will pick up Susana – and continue our
route to Guayaquil in Ecuador. A container with the 4x4 and all our equipment should
arrive there next week. Hopefully…
Lima es una ciudad que me sorprende por su clima cálido de invierno. Nunca hace calor, pero el frío de julio no es un frío desalentador. Ayer anduve en manga corta por la ciudad. Me fui a tomar un café con mis amigos y también a recordar las viejas caras de mi memoria. Pasé por el Haití, el lugar donde conocí a un escritor achinado (y alucinado), por el Starbucks de Miraflores, donde siempre converso con mis viejos colegas de la Udep, por el malecón donde vivía yo en mis años de periodista. La nostalgia de un tiempo regresa, pero con la alegría de este presente ciclista.

Aquí espero a Wilbert y Rob, ellos por fin consiguieron el permiso del auto que nos acompañará en el trayecto Quito - Ushuaia. Tuvieron muchos contratiempos. Taxistas, papeles, firmas por aquí y por allá, las autoridades en el Perú son así de jodidas, qué te puedo decir, quizás querían dinero bajo la mesa, quizás querían enredarlos con sus problemas. No sé qué truco han hecho para que les suelten el papelito que les permita cruzar cada frontera. Ya me contarán.

Aquí en Lima amanezco cada día frente al Ministerio del Interior, el antiguo aeropuerto. Qué caótica esta ciudad: los taxistas tocando la bocina como locos, la gente viviendo a la competencia con una ansiedad inconmesurable... Mi país, digo yo: no hay apuro. Mejor vivir la vida tranquila sin necesidad de contratiempos. ¿Por qué anda la gente tan apurada aquí?

jueves, 24 de julio de 2008

el tiempo es relativo hoy.
mi cuerpo suda como si estuviera amaneciendo. me froto las manos con ternura, pienso que la mañana es el atardecer. las teclas tienen otro nombre. los letreros están en español. nadie respeta las señales de tránsito. es de noche y para mí es casi de día.
Necesito dormir como las orugas lo hacen antes de nacer. tejo mis alas para volar lejos, muy lejos, "¿hacia el fin del mundo?", me pregunta uno.
"hacia allá mismo", digo yo.

miércoles, 23 de julio de 2008

Rob y Wilbert están en Arequipa. Van a recoger un vehículo que nos acompañará desde Quito hacia Ushuaia. Alguien me dice por allí: "¿alquilar un vehículo en Arequipa? Si en Quito también alquilan vehículos", dice.
Para hacer un viaje de esta envergadura no podemos alquilar cualquier camión. Tiene que estar especialmente equipado para llevar bicicletas, comida, recursos necesarios para el mal de altura, mochilas entre otras cosas. Y el único lugar donde se puede alquilar estos carros especiales para viajes de 11 mil kilómetros es en Arequipa, Perú (mi ciudad). El camión es alquilado por Peru Motors, de unos holandeses: Geert y Lars.

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Rob and Wilbert are in Arequipa. They're going to rent a car that's going with us to Quito, Equador. In some place someone asks me: "Why are you renting a car in Arequipa? In Quito you can also rent a car".
For this trip we need a special car. We have to take bicicles, luggage, food, medicines, lot's of things in order to help us. The only place we can rent this car is in Arequipa, Peru (my city). We will rent the car from Peru Motors, by Geert and Lars.

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