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lunes, 27 de septiembre de 2010

Una noche altiplánica


Después de tres días sobre las dos ruedas atravesando pueblitos con connotación histórica: Andahuaylillas y Raqchi, entramos al Altiplano.

Los ciclistas experimentaron un duro día. Después del Abra La Raya el cielo se cerró y llovió a cántaros, con rayos y todo.

Una noche altiplánica con frío, demasiado frío.

martes, 30 de septiembre de 2008


Nunca imaginé volver aquí en tan corto tiempo. La ultima vez me fui con la espuma en la boca, desesperada por tocar nuevamente suelo peruano. La experiencia había sido tan mala que pensé sería la primera y la última vez.

Hoy vuelvo a estar aquí y es como si hubiese estado ayer. El arco que divide ambos países sigue allí separando los acentos, las costumbres y las creencias. El puesto de control policial tiene el mismo policía y el bus TourPerú pasa a diario aquí y allá con el mismo chofer. Las caras son las mismas pero la situación diferente. En Kasani, la frontera, cruzan la frontera más de doscientas personas a diario, el paisaje junto al Lago le otorga cierta paz, paz que rompe nuestros esquemas cuando intentamos pasar la frontera con uno de nuestros vehículos.


1

Hoy salimos bastante temprano desde Puno. El día anterior Rob y yo fuimos a Desaguadero a arreglar y completar los papeles de La Chevy. Qué lindas son nuestras autoridades peruanas, ellas tan trabajadoras como siempre, nos hicieron esperar más de veinticuatro horas para un papel de aduanas, un sello y un número en un libro tan gordo que es imposible leerlo.

-¿Y la firma del general de aduanas?
-Está almorzando, señorita.
-Pero nos dijo que firmaría en media hora.
-Está almorzando señorita.
-¿Hasta qué hora almuerza?
-Hasta las tres señorita.

Miro mi reloj, es la una de la tarde. Rob y yo sentados en la Chevy, encerrados en un garaje de aduanas (pues tienen que medir y comprobar que el auto ES el auto) del que no podemos salir sin la autorización y la firma del teniente que está almorzando. Mucho sol en el Altiplano; en la sombra, el frío. Desaguadero es un pueblo sin esperanza, como dice Rob, un mercado enorme que contrabandea productos bolivianos (y otras cosas).

-A ver señor, necesito que me dé una solución.
-Perdone señorita, no le queda otra que esperar al agente de aduanas.

Una hora, dos, el sol achicharra La Chevy. Mi nariz se vuelve roja, mis brazos morenos, uso lentes de sol. No puedo utilizar mi laptop porque no hay electricidad y la batería está vacía, tampoco hay tienda alrededor, el lugar de las aduanas está vacío.
Decido salir a caminar. Encuentro un taxi y trepo: lléveme a algún restaurante. Dejo atrás a Rob y me busco un Lomo saltado suculento y por supueto al agente de aduanas !!!
Son las tres de la tarde.

-¿El agente de aduanas?
-Lo voy a buscar señorita.

Una hora, dos... creo que sólo sé contar las horas, mil horas (como un perro) en esta frontera llena de ambulantes. Viejitas hablan en aymará, tipos empujan triciclos, mujeres cargan balones de gas... de todo se ve en esta frontera !

Rob llega al restaurante y me dice “ya están los papeles”. Pensamos “por fin” nos van a permitir sacar el carro y además regresar a Puno a recoger a toda la gente y llevarla a Copacabana Bolivia (por otra frontera).

Atención, que aquí viene lo mejor. Vamos con el papelito firmado por el agente de aduanas al guardia del lugar donde tenemos nuestro carro y plop, las cinco de la tarde, el sol se está escondiendo, empiezo a tener un poco de frío, el aire es helado: “Le falta un número, señorita”.

-¿Un número?
-Sí... la numeración en la aduana.
-Apúrese que en una hora cerramos
(y la canción nos fregamos porque tendríamos que quedarnos una noche más en este maldito pueblo).

Salgo del lugar donde tenemos el carro en cuarentena. Busco un taxi y no hay ! ¿Por qué cada vez que necesito un vehículo de esos que abundan en las ciudades y pueblos del Perú NO HAY?? Siempre me tocan la bocina, por poco no me agarran del brazo y me meten a la fuerza a su carro... pero a las cinco de la tarde entre el ichu altiplánico y la desesperación por salir del desagüe de Desaguadero, no hay (repito) un sólo taxista haciéndole el favor a esta señorita.

Rob busca la forma de llamar al agente de aduanas : “nos tiene que ayudar, estamos esperanza” en su español mascado.
El agente de aduanas le dice: “estoy mandando una señorita”.
Nosotros espera y espera... a qué hora vendrá la señorita... y qué más volver a correr para que nos pongan un numerito. ¿Por qué en este país los trámites no son iguales en todas partes? ¿Por qué ahora un númerito y mañana un papelito?
Llega la señorita y me dice: “no sé por qué no nos dieron el numerito”.
¿De cuál numerito está hablando la señorita, del numerito que está armando ahora con los papeles en la mano, buscando la manera de explicarme de mil formas por qué se equivocó el inspector y no el agente de aduanas?
Por poco no la empujo cual carro al taxi que ella trajo... miren ustedes ella si tiene chofer privado... y le digo: tráigame mi numerito de una vez que me quiero ir de aquí.
Rob, la señorita y yo vamos a la oficina de aduanas, otra vez, cargando el hambre y la impaciencia entre los brazos, viene un tipo rechoncho cara de kinkon otra vez, ¿por qué todos estos agentes se parecen? Parecen haber sido clonados en alguna parte, carajo. (la impaciencia ya es mía.

-¿Y usted de qué país viene? , pregunta el kinkon blanco (el de ecuador era negro).
-De Arequipa, digo con los intestinos en la mano, molesta muy molesta, cansada demasiado cansada.

Nos ponen el numerito, nos registran en el libro de notas de la frontera y vamos de nuevo donde el guardia del almacen donde está el carro. “Ahorita si está todo completo”, dice el guardia... pero cuando pone los sellos se acuerda de un detalle. “¿por qué no han hecho sellar el papelito?”. Ay madre... si nos dejan sacar el carro primero vamos a sellar el papelito, se lo prometemos señor.... hum... está bien. Nos abren las puertas y Rob y yo nos damos a la fuga, está oscureciendo en el Altiplano. Nos damos a la fuga en serio.... mañana arreglaremos eso del sello en el papelito. Estamos agotados, queremos dormir.


2

Frontera Kasani-Copacabana. Frontera Perú-Bolivia. Después de una noche en la carretera, llegamos Rob y yo a la frontera por donde vamos a pasar con los ciclistas, una frontra tranquila, sin ambulantes ni pestilencias, pero sí con agentes aduaneros. Nos preocupa el tema del sello en el papel del carro. Llegamos temprano para aliviar todo el peso de la jornada, para intentar pasar antes de los ciclistas y lo logramos !!

El agente de aduanas de esta frontera nos dice: “no hay problema por el sello”. Qué bien, salimos del Perú más rápido de lo que pensamos.

Ahora entrar a Bolivia.
La oficina está cerrada. Nosotros estampamos los pasaportes y esperamos a que abran la agencia de aduanas bolivianas. Nos sentamos en las gradas, tomando nuestra incakola, comiendo chichasara. Después de media hora un tipo bajo y moreno llega a las oficinas estampa varios papeles para otros carros que cruzan la frontra así de veloz, y nosotros.... nosotros.... otro día de espera.

-Estos papeles están bien pero no tienen la autorización del cónsul de Bolivia en el Perú, señores.
¿Cómo?
-Que les falta el sello y la firma del cónsul de Bolivia en el Perú.
¿Para?
-Manejar el carro.

Por poco no me sale la impaciencia frente al escritorio del señor. Pienso: “estos bolivianos antipáticos no nos quieren dejar pasar”.

-Tienen que regresar a Puno.
Pero es sábado, señor. Y ahorita viene un grupo de 18 ciclistas... no vamos a poder hacer nada sin este carro en Copacabana.
-Necesita la firma y el sello del cónsul.

Rob habla con su español mascado. Yo me voy a Perú a ver si los ciclistas llegan. La petrol ,el otro carro ya está haciendo los papeleos. Este carro no tiene problemas porque no es peruano y tiene un carné de passage que le permite cruzar todas las fronteras !! Poco a poco van llegando los ciclistas , sellando los pasaportes de salida del Perú... les digo a todos:
“por favor, no sellen sus pasaportes en Bolivia, la Chevy no tiene problemas”.
La caravana de ciclistas y La Petrol se detienen delante de la oficina de aduanas de Bolivia. El agente se pone nervioso.

-Señorita, otra opción es que usted vaya a desaguadero y salga por allí.

Le digo que es imposible ir a Puno o desaguadero puesto que el carro ya salió del Pe´ru y para volver tendría que hacer todos los papeles del día anterior de nuevo.
Los ciclistas se piden gaseosas, sacan sus carpas de La Chevy, están dispuestos a acampar delante de la oficina de aduanas de Bolivia, allí en un jardincito pequeño.
El tipo se pone más nervioso.

Después de media hora el tipo me llama a su despacho. Me dice: los dejaré pasar a Bolivia, pero con la condición de que el cónsul boliviano me envíe la firma y el papel y el sello antes del miércoles en la noche. Me da sus teléfonos, sus números de fax, sus correos electrónicos, todo para que nosotros pasemos. Nos da la autorización. Sale de la oficina, le pone candado a la misma, pues ya es las 5 de la tarde, y me pide:
-Me puede llevar a Copacabana, pues no tengo carro.

Terminamos trepando al agente en el carro y cerrando la agencia de aduanas. Qué historia. Esperando, esperando y esperando.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Copacabana, September 27th 2008

Carnaval in the stomach

Most of us used the rest day in Puno to visit the Islas Flotantes in Lake Titicaca; the artificial floating reed islands constructed by the Uros Indians. The majority went by a ferry for just a couple of hours, but Andre and Gerard stayed overnight at the islands and slept, eat and shat with the Uros Indians. Everyone came back very positive and were impressed by the local culture.

Other cultures, other habits, other food, other bacteria… Result : “Carnaval in the stomach”. ( Almost ) everyone gets its turn. The day out of Puno it’s the turn of Mick, Karin, Kirsten and Georges. They feel weak, sick and miserable. No appetite, no power, no cycling…

Normally it’s just one day and then they are “back on the bike”. With the quartet in a “sick” taxi, we make our way to the Bolivian border. We cycle along the shores of Lake Titicaca, with 3820 meter above sea level, the highest lake with passenger boat service in the world.

It are 135 relatively flat kilometers to the Bolivian border. As expected we have some problems at the border to get the Chevy through the customs. Susana and Rob spent already the rest day at the border in Desaguadero to prepare our border crossing and to get all paperwork done before the weekend. The 30 hours they spent were not enough. When we arrived at the border the Bolivian customs wanted to see a special letter from the consul of Arequipa in Peru. Yes, why not… A letter of the consul of Peru to allow a car into your country. A few hours, phone calls, discussions and misunderstandings later we could pass the border with the Chevy. It was quite a help that Susana’s mum was the former Consul of The Netherlands in Peru. This opened doors… and finally closed incomprehensible borders.

Half a liter of Bolivian beer at the border didn’t help to cycle the last 10 kilometers to our final destination of the day : Copacabana. No, not the well-known beach in Rio de Janeiro, but a nice, a bit touristy, village at the shores of Lake Titicaca. The boulevard is a sand path and can’t be compared with the Brazilian version of Copacabana, but the little boats in the sea give the village a bit Mediterranean look.

It’s not Brazil, not the south of France, it’s Bolivia. Our third country on our route south…

domingo, 28 de septiembre de 2008

Puno – September 26th, 2008

Dogs : the good, the bad and the ugly…

The two rest days in Cusco were appreciated by everyone. We could have stayed ( much ) longer because the city has enough to offer. Anyway, back on the bike in the direction of Ushuaia. Some of us had stiff legs from the walks around Machu Picchu, especially Bene, Mick and Sean who climbed almost every mountain around the impressive Inca ruins. They had to pay the toll for their great hikes. The cycling days south of Cusco are fortunately rather flat compared to the stages of the last couple of weeks. We have reached the Alto Plano : this means that we cycle at an altitude of about 3600-3800 meter. We are surrounded by mountains which reach an extra one to two thousand meter in the sky, but the road follows a relatively flat course. We make quite some distance in the direction of Puno : almost 400 kilometers in three days.

The first day to Sicuani we pass old Inca walls, one of the oldest churches in South-America and traditional Indian markets. The women wear in every village different colourful hats and carry their babies in a cloth on their back. The babies hang in the cloths sometimes upside down, but nobody cares. The winds are favourable and the 145 kilometers fly by, also for the new participants Jakob and Karin which join us from Cusco. Geert wants to show his good legs and tries to win the stage. He breaks away one kilometer before the finish but he is not the best map reader of the peloton. He misses a junction, cycles an extra 20 kilometer, and arrives one and half hour later after Len and Sean, which come in first. He is not amused…

We camp at the local campsite in Sicuani which is situated in a populated area. At least populated with dogs. A lot of dogs. Tens of bad dogs bark and howl the whole night loudly and keep us awake till 2, 3, 4 o’clock in the night.

The impact of the dogs night concert is to see on the breakfast table. All tiny eyes, but again ready to cycle 140 kilometers across the Altiplano. A gentle climb to 4338 meter in the first part of the stage and later long, flat, straight roads. Days that you expect that nothing will happen. But… an ugly dog next to the road jumps to Cees’s bike and the frightening beast bites Cees in his right leg. F**king dog… A shock goes through Cees’s mind : “Rabies. What to do ??? My last hours have been counted !!!” The dog’s teeth stand a centimetre deep in his calf. A few kilometers further Didier and Mient provide a second lunch for the day. Didier can reassure Cees with his twenty years experience as ambulance nurse. Cees has had rabies vaccinations back home, but he will need - now after the bite - a few new injections to make sure that everything will be fine. The first injection : within 24 hours!!!

We are standing in the middle-of-nowhere. The next little town is kilometers away, but to everyone’s big surprise the local little hospital has the necessary injections available. The first danger is gone. Thank goodness.But, what about the good dogs in Peru ??

The 140 kilometer stage out of Sicuani ended a few kilometers before a little village in a bush camp next to the road. My appetite was good after another day on the bike and I ate Kirsten’s pasta with full pleasure. My stomach was the last couple of days a bit weak, but that didn’t stop my appetite. I went to my tent with a full stomach, too full. I woke up with a vague feeling in my stomach; time to zip open my tent in the cold night and to run out... Not enough time… I had to vomit in front of my tent. Almost on time… Spots ended up against my tent and the rest in my front garden… Luckily a good dog came along… He ate Kisten’s warm pasta with full pleasure and licked most of my tent clean… Good dog.

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