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sábado, 19 de enero de 2013

Perú en Africa


Un tipo me pregunta: “¿De dónde eres?”.
Le digo que del Perú. "¿Sabes dónde está?".
Me dice "sí".
Es la primera persona que me dice "sí" en todo África.

Y yo le pregunto sabes dónde está Perú.
Me dice: "¿Perú? En América del Sur".
"¿Y cómo sabes?"
"Porque Perú jugó contra Camerún en 1982".
Y yo lo adoro.

domingo, 22 de enero de 2012

snapshots en ruta

Madre e hijo caminan a su pueblo llevando algo de cargamento

Saltamontes africanos

Bosque togoleno

Algunos caminos son mitad asfalto, mitad trocha, el arte de andar sobre ellos en bicicleta y en camion

A los africanos les gusta incendiar sus bosques. Aqui un incendio mientras tomamos un refrigerio.

Trochas agotadoras, el cansancio me quiere ganar

Inversion china en el Africa

Puente sobre el rio Volga

Bombeando agua del subsuelo con algunas mujeres africanas

Washboard. Estos caminos son los peores.

Monos en medio de la ruta

Antilope

El elefante asado espera a su pareja en Mole, el parque nacional mas importante de Ghana

sábado, 21 de enero de 2012



Aquella noche dormimos al lado de un colegio. Didier pone una cuerda alrededor del camión y las mesas de la cocina. Los niños vienen a vernos – cuento unos sesenta a dedo-. No cruzan el cordel. Se sientan durante horas a observarnos.

Rob, el inglés del grupo, un cascarrabias inaceptable, dice: “¿Qué tanto les gusta vernos?”.

Al parecer no tienen mucho qué hacer en el pueblo. Se quedan así observándonos hasta el anochecer. Supongo que es como si fuera a llegar el circo por primera vez, como Melquíades con sus trucos de magia en Macondo. El número de niños va aumentando poco a poco, incluyendo los adultos. ¿Esperan que hagamos un truco? ¿Creen que les vamos a dar un regalo? No lo sé, no tengo ni idea. Y me quedo así contemplándolos hasta que empiezan a acercarse a mí y a sentarse a mi lado. Espero que la curiosidad no mate al gato pero no sé qué hacer con ellos. Me miran y miran como bicho raro. 

Una hora después cenamos bajo la luz de una fogata que el padre de los niños encendió para espantar a los mosquitos. Nosotros compartimos nuestra comida con ellos, pero ellos se pelean por alcanzar un bocado, hasta que el padre pone orden allí y les dice que tienen que ser educados, que todos recibirán su parte. Didier los ayuda a ponerse en fila india, es el buen samaritano. 


jueves, 19 de enero de 2012

Bicicleta africana made in CHina

Juntos en la cima

Pedaleando a la cima


Al día siguiente continuamos ruta a nuestro próximo día de descanso Kpálime. Seguimos la trocha de tierra, esta vez más despierta. Me sorprende lo poco que tienen estos pueblos. Unas casas de adobes con esteras, el que tiene suerte una calamina, los niños medio calatos corriendo detras de las bicis “cadeau cadeau”, venden pescado frito, un tomate, unas barras de pan, muy poco, y mucha gasolina embotellada en envases de pastise, el anís francés, para las motocicletas.

Después del refrigerio aparece la primera montaña del tour. 900 metros de altura en las costas togoleñas. Ver para creer. Es una verdadera montaña. Me animo a hacer un tour D (extra) y subo a su cima. Me cuesta dos horas llegar hasta el punto más alto. El aire es al principio demasiado caliente. Marea hasta el vómito. Pero a medida que uno va ganando altura, el aire se enrarece. Es curioso pero me siento en otro mundo... mi mundo. Un par de pueblos salpicados en las faldas, mujeres que cargan litros de agua sobre la cabeza. Unos diez kilómetros cuesta arriba. Sorprendente, asfalto.




Ese castillo es una ciudad de termitas, viven millones


La montana se llama Pic de Outa y es famosa entre los togolenyos ciclstas. Aqui la gente compite en el Tour de Togo. La cima de Pic de Outa tiene dos antenas de radio y unos guardias medio adormecidos.

Al bajar la montaña parece ser que el paisaje cambia. Más desarrollo. Una autopista nos lleva ahacia Kpálime. Me da alegría ver una ciudad más o menos estructurada, así pienso mientras estoy aquí, basada en mi estructura. Es una ciudad dividida en dos. A un lado las iglesias cristianas, al otro, las mezquitas. Lo cristiano – musulmán, esa mezcla de creencias que compiten por ganar feligreses empiezan sus cantos a las cuatro de la mañana a través de un parlante que se escucha en toda la ciudad.


Wilbert y yo en la cima


Las mezquitas cantan:
“Allaaaaaah”

Los cristianos:
“Alleluyah!!”

Después unos rezos que zumban en mi oído mientras duermo.

Esa noche salimos a bailar a una discoteca. Mujeres gordas, potonas, al ritmo del pumpum. Las discotecas se parecen en todo el mundo. Luces, espejos medio sucios y una barra sirviendo cerveza.

Chez Cocó y su hueco togoleño

 
El bar coca-cola
Togo, un nuevo país. La frontera deja mucho que desear. Cruzamos por el oeste , por una carretera mala demasiado mala. El pavimento se transforma en una estría negra llena de huecos. Luego, un pueblo, nada más. Y el camino se convierte en ripio... lo primero que me llama la atención es mi bicicleta, danza entre la arena, entre árboles y arbustos espesos secos, se pierde en un paisaje triste.

Ademas, fuego por todas partes. Los togoleños queman los campos para cultivarlos.

Este primer día en Togo me siento un poco muerta. Las piernas pedalean pero mi mente... Cletea... se siente débil, impotente, inútil... el calor derrite... la tierra rojiza se me pega en las piernas. Mis pensamientos empiezan a jugar. ¿Soportaré? Pienso cosas mientras penetro en el bosque de la sabana... es parte del deporte, pensar... pensar tonterías, sobre todo si estás agotado y el sol te aplatana ... te conviertes en un plátano triturado aplastado sobre el asfalto. 

Hasta que encuentro la bandera de “llegada”. Chez Cocó. Un negro togolés que la hizo en su pueblo. Se fue unos años a la capital Boméy a trabajar de contador y después de reunir algo de dinero regresó a su pueblo que no recuerdo... los nombres me parecen casi siempre iguales de los pueblos,  y construyó una casa con un jardín y un cerco. Le pedimos que nos aloje dentro de su territorio y nos dice que sí. Nunca había visto una persona tan amable, el togolés Cocó con su mujer y sus dos hijos, tan correcto y bien lavado, nos presta su baño, un hueco, su ducha africana, con un balde de agua, nada más.

Pero qué más necesitamos, digo yo? La vida puede ser tan simple como un hueco, un balde de agua y un cerco alrededor de la casa, por el que todos pueden mirar. El lujo es un bien acomodado, adquirido a merced de la comodidad... aquí nada de lujos, hay que buscarlos en uno mismo, más.

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