Mostrando entradas con la etiqueta La Tina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Tina. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de agosto de 2010

La novia de Axel, el primer accidentado de la ruta, curándole las heridas

Nuestra llegada al Perú después de varios días por el país vecino me hizo recordar a todas aquellas veces que he vuelto a mi país por tierra. A Tacna por tierra, a Tumbes por tierra, a Puno... ahora a Piura por tierra. Y esos desiertos.

La historia empezó un poco antes, al lado del Ecuador, cuando muy temprano todos en fila frente a la ventanilla de migraciones tuvimos que cambiar al guardia de turno por uno más sobrio. Borrachísimo estaba, intentando encender su computadora y peor aún recordar su clave. Me decía: "Venga gringuita a ayudarme". Y poco le pude ayudar. Lo mejor que pude hacer fue buscarle a un sustituto.


Los árboles de ceibos a lo largo de la ruta

Después de sellar los pasaportes y cruzar el puente que divide a un país del otro, hacia el lugar de bandera blanquiroja, empezamos a montar la bicicleta por la carretera hacia la costa peruana. Muchos turistas me decían : se nota que hemos cambiado de país. Atrás quedaron los ceibos, los bosques secos, las montañas verdes ecuatorianas, ahora en territorio yermo con desiertos semi-desolados y carreteras negras que despiden calor. 

Primera noche : Chulucanas, una ciudad en medio de algarrobos, muy cerca de Piura. 

Me escapo a Piura por la tarde en busca de buenos amigos y un poco de tranquilidad. Llego a la ciudad en un bus de civa envejecido a un terminal de buses en un distrito llamado Castilla. La ciudad es la misma: polvorienta, llena de ruido a mototaxi y con algarrobos que se mecen con el viento. Dicen que hace frío aquí.


Las ofertas de algunos restaurantes a lo largo del camino

Por la noche bebo unas cervezas con unos amigos. Qué buenos recuerdos allí al lado de La Habana del Santa Isabel, ese lugar ya no existe, ahora se llama Carbón, dicen que se va a abrir un uruguayo, y que la gente tiene más sitios a donde salir. Al día siguiente me invitan a dar una clase de Nuevo Periodismo frente a un grupo de sesenta estudiantes. La experiencia del aprendizaje multiplicada en mi recuerdo.

Segunda noche : un bushcamp en medio del desierto en un lugar cerca a Motupe, rodeado de piajenos, perros que ladran, aves con cantos nocturnos y yo que no estoy y desaparezco. 

Tercera noche : me encuentro con los ciclistas luego de dos días de escape por Piura. Estamos en Lambayeque, la ciudad del Señor de Sipán, y de los kinkones, un dulce a base de galleta y dulce de leche. Visito por tercera vez el museo de sitio; vuelvo a impresionarme con el arte Moche. Ellos estaban realmente adelantados a su tiempo.  


Ciclistas escoltados por policías

Cuarta noche : un rico cebiche con chicharrón en una terraza del hotel La Estación en Pacasmayo. Qué delicia ver el atardecer hundirse en el mar.

Quinta noche : Qué día caramba. Varados en medio de la ciudad sin gasolina gracias a un chofer que se olvidó echarle combustible al vehículo de apoyo de Bike Dreams en los últimos cinco días. Palabras vienen, palabras van. El camión rojo de bomberos con el capote parado en medio de una avenida bastante transitada de Trujillo. Vivimos momentos de malestar pero terminamos comiéndonos un helado al lado en la vereda.

David (el chofer) nervioso toma un taxi para comprar gasolina en el grifo más cercano.
Nosotros llamamos a Rob (el jefe) para preguntarle qué hacer.
Los participantes ciclistas están a diez kilómetros sin equipajes.
¿Sabrá David cómo volver al lugar donde estamos varados?, nos preguntamos.
Rob llega en bicicleta al lugar de los hechos.
David intenta encender el carro, pero parece que está ahogado (el carro, no David).
Al final llega el mecánico de Bike Dreams (Ewald que acaba de aterrizar en Perú) adonde está el vehículo para arreglar el problema. Le da aire al motor y funciona.
Partimos.

Yo temrino exhausta después de tanta espera.


Unos cuantos kilos de granola (muesli) para los ciclistas en el mercado central de Trujillo

Sexto día : Descanso sin descanso.

Despierto después de una noche sin sueño. Y todos los participantes del grupo quieren que los ayude : uno se habia olvidado los zapatos en Pacasmayo (toca llamar al hotel), otra mandó componentes de bicicleta por DHL y aduanas lo ha retenido (nuevas historias en aduanas, nooo), y lo peor de todo : Rob (el jefe) contrató a un masajista QUE ES CIEGO.

Y a quién le tocó ayudarlo al pobre caballero, don Pedrito se llamaba... a mí : indicarle a la gente que se desnude y se eche encima de sus camas, advertirles que es un masaje suave y no violento, y traducirle a don Pedrito.

Mañana partimos hacia la sierra peruana... cañón del Pato, Caraz, Huaraz... nuestros primeros kilómetros en pura trocha  por las carreteras del interior del país. Así un vistazo rápido en nuestros últimos días... y muchas más historias por venir !

lunes, 25 de agosto de 2008

22/8

Entro a territorio peruano con la emoción de regresar a casa. El paisaje es distinto, los rostros alegres. Las montañas ecuatorianas son verdes, aquí áridas, tristes, con poco color. Me pregunto ahora ¿qué se gana al cruzar una frontera?
Lamenteablemente los agentes de aduanas nos hicieron la vida un poco difícil en la frontera. Yo tuve que mandar a los ciclistas a su destino, mientras yo intentaba arreglar los papeles de la Chevy. Estuve allí en territorio de nadie hasta las 4 de la tarde con el calor del desierto y la compañía de unos agentes que no hacían nada, esos kinkones.

Entro a territorio peruano y me pregunto qué pasa aquí. En los desiertos piuranos, los burritos jalan bidones de agua para llevar a los pueblos. Hay casas perdidas en el desierto. La gente anda con el rostro cansado. Entro a la profundidad de la tierra. ¿La recordaba así? Por supuesto que la recordaba con amor, pero había olvidado mirarla.
En Piura me encuentro con los viejos colegas y los amigos del barrio. La necesidad de divertirse sigue siendo la misma, no ha cambiado. La necesidad de hablar de sí mismo tampoco cambia. A la gente le gusta mostrar que tiene una cuna de oro cuando a mi lado los gringos me dicen: “hay mucha pobreza”.

Entro a territorio peruano y no quiero perder la alegría. Me bebo unas cervezas con los ‘patas’ y sigo camino al día siguiente hacia Chulucanas. Allí me reciben los ciclistas con mucha emoción: “qué bueno que hayas arreglado lo del carro”. Aquella mañana avanzamos hacia Motupe por una carretera super moderna que nadie usa: por eso sigue siendo moderna, quizás, del proyecto Olmos que sigue avanzando a paso de tortuga.

En Motupe un pueblo de pocas almas hay pocos hoteles. Uno de ellos se llama Tokyo. “¿Por qué se llama así, señora?”. Ella me mira con seriedad y me dice: “en agradecimiento a unos japoneses que nos dieron la platita para construirla”. La dueña del hotel no quiere que ni le toquemos las paredes. Sólo nos queda armar nuestra cocina en la calle. “Señorita, eso da mal aspecto, qué van a decir los vecinos de mí”. Todos los vecinos de la calle jalan sus sillas y se sienta alrededor nuestro a mirarnos preparar el almuerzo a los ciclistas: somos un show televisivo en vivo. A los pocos minutos pasa una procesión con un ataúd, es un entierro. No nos queda otra que entrar al hotel.


Entro a territorio y tengo el orgullo de ser peruana y darles de comer nuestras parihuelas, filetes de pescado, cebichitos.
En Lambayeque vamos al museo Las Tumbas Reales. Impresionante el trabajo que Walter Alva se mandó en reconstruir y refaccionar al Señor de Sipán. Siento orgullo peruano por dentro, esto vale la pena, pienso, y me pregunto: ¿Dónde quedó esa riqueza?
Pero lo recuerdo a Alva contándome la historia detrás del museo: el poco apoyo del gobierno peruano, la corrupción en el INC, la búsqueda de recursos para su construcción. “La gente del INC no tenía idea de lo que era un museo, querían armar cualquier cosa antes de tomarse el trabajo de armar un museo como la ley de museos manda”. Su mujer estuvo detrás gestionando la construcción de un museo moderno. Lamentablemente la señora Alva no llegó a ver la obra monumental que construyó. Walter vigila ahora al Señor de Sipán.

Mis amigos me buscan en Lambayeque para tomarnos unas cervecitas y comernos un cebiche. Hacía mucho tiempo que no comía un cebiche con buena música de fondo. “Todos vuelven a la tierra en donde nacieron” de los Morochucos. Me emociono hasta la lágrima.

24/8

El océano Pacífico. El sol metiéndose en sus entrañas. Yo en una terraza, descansando de estos largos días.

Pacasmayo, una ciudad al mar a 1500 kilómetros de Quito (Ecuador), parece increíble pensar en los kilómetros recorridos, nadie me cree, yo tampoco.
Digo por fin un poco de tranquilidad para escribir unas líneas en el blog y ponerme al día. No puedo pasar un día sin escribir, sin pensar en el blog, pero las circunstancias diarias: laqs ocho horas en la frontera, la noche en Piura, los saltamontes en Motupe y los amigos en Chiclayo, me ayudaron a acumular historias.

Siento la brisa rozar mi rostro bronceado, pienso en estos ojos que parecen haber visto poco, pero percibieron mucho. Y me pregunto: ¿cuál es la solución?
Cual solución, pensaría cualquiera. La solución a estos campos, a estos desiertos costeños, con poca esperanza.




Hace algunos días entramos al Perú con dificultad. Salimos con el Chevy y la Patrol rumbo a la frontera Macará (Ecuador) y La Tina (Perú). Los ciclistas avanzaban en bicicleta hacia el puesto policial de Ecuador, no tuvieron problemas en estampar su pasaporte. La Patrol y La Chevy sin ningún inconveniente.

Cruzamos el puente.

Del lado peruano. Pasan la Patrol y los ciclistas, el agente de aduanas mira La Chevy y dice: “Ese carro no pasa”.

-¿Cuál es el problema señor?
-Un papel.

Papelito manda en el Perú. El carro holandés pasa la frontera, es decir está permitido de entrar al Perú sin ningún problema, mientras que el carro peruano, no...

-¿Por qué señor?
-Pues ustedes tienen un documento de exportación; no de importación, señorita.


Ah, caramba. Es un gordito, cara de kinkon quien me dice eso, es muy amable conmigo, moreno el hombre, cara de trabajar mucho “sí, tanto que anda agotado sentado en su silla como un lirón”, rascándose la panza, al lado de un guardia que gusta de usar la corbata corta muy corta, que le llega a las tetillas.

-Tienen que buscarse un agente de aduanas, señorita, allí al frente hay uno.

Sólo me queda llamar a Arequipa a mi agente de aduanas allá, pedirle que me ayude a solucionar el problema del Chevy en un día porque sino cómo hacemos con los ciclistas, cómo acompañarlos el resto de la ruta, todo nuestro equipaje estaba en La Chevy. Llamo a Arequipa y la agente de aduanas me dice: “Espere mi llamada, por favor”.

Espero la llamada con ganas de solucionar todo al instante.
Después de media hora, la señorita, me llama.

-Señorita –me dice mi agente de aduanas- tengo aquí el teléfono de un agente en la frontera... (es decir, la frontera Macará). Llámelo, por favor.





Allí en el puesto de aduanas veo a un moreno cara redonda y casaca de cuero. Yo marco el teléfono. Y veo al moreno contestar su teléfono celular.

-Aló
-Aló??

Es el tipo de enfrente.

-La agente de aduanas de Arequipa ya me comunicó de su problema... tenemos que cambiar los papeles, pero como aqui en la frontera no hay internet tengo que ir a Ecuador para imprimir los documentos y recibir la información.

Impresionante. Del lado peruano no puedo llamar con mi celular peruano; tengo que usar el Ecuatoriano. Del lado peruano no hay internet; hay que cruzar la frontera.

Me quedo esperando en aduanas con el kinkon, el tipo de corbata hasta las tetillas y Rob mi jefe de los pantalones cortos. Qué trío... todos están allí mirándose la cara como tontos... rascándose la cabeza bajo el sol, a que pase una mosca para distraerles la mirada. Ningún carro aparece por allí, somos el único vehículo al que le ponen problemas.

A las dos horas presentamos el papel esperanzados de pasar hacia el Perú, pero el kinkonazo nos dice bostezando:

-Tienen que mandar una carta poder.
-¿Desde dónde?
-Desde Arequipa. Y con firma notarial.

(?)
Llamar a Arequipa de nuevo. Buscar un abogado a la distancia que legalice la carta notarial y además la envíe en fax.

Ocho horas después nos dejan pasar el carro peruano a territorio peruano. .... No hay modo, tenemos que irnos a Piura porque ya se hace de noche. Y veo a mis amigos, a mis grandes amigos.

Bici blogs

TODOS MIS VIAJES

Abancay Aconcagua Africa Alemania Altiplano Andahuaylas Andes Trail Apurimac Argentina Atocha Ayacucho Bajo Caracoles Bariloche Barrancas bicimoda Bolivia Burkina Faso Cafayate Calafate Campaña política peruana Cañon del Pato Caraz Careteras bolivianas Carpa Carretera Austral carreteras bolivianas Catamarca Cerro Castillo Cerro de Pasco Challapata Chavin de Huantar Chile Chilecito Chincheros Chos Malal Chulucanas Chunchi Copacabana Coyhaique critica Cuenca Cusco diarios Dutch Cycling Embassy Ecuador Edición 2010 einstein El Bolsón El Calafate El Dakar El final El Perú profundo El relato del instante Falkner famosos en bici Fin del mundo Final tour 2010 fotografias desde Ayacucho Fotos desde el Salar de Uyuni Fuerza Mental Futaleufú ghana Guamote Historias desde Buenos Aires Huancavelica Huancayo Huanchaco Huanuco Huánuco Huánuco Pampa Huaraz Huarochirí Huascarán Huelgas en el Cusco Humahuaca Incendios forestales Inconvenientes a lo largo de la ruta Izcuchaca Jáchal Jaime Torres Jujuy Kasani Kavafis La Angostura La minería peruana la partida La Pasarela La Paz La Quiaca La Tina La Unión Lago Rivadavia Lambayeque Las Horquetas Latacunga Leiden letters from Wilbert Limatambo Lluvia sobre las dos ruedas Loja Luz Divina Macará Machu Picchu Mali mapas de ruta Mendoza Mi padre Motupe noticias del ciclismo Nueve días en la pampa Ocros Oña Oruro Ouagadougou Patagonia Perito Moreno Peru Perú Pino Hachado Porvenir Pucara Puno Punta Arenas Quillacas Quito Quivila Río Grande río Mantaro Rio Santa Riobamba Ruta 40 Salar de Uyuni Salinas Salta Siete lagos Tahua Tapi Aike Tierra del Fuego Tingo Tiquina Tocota Togo Tolhuin Torres del Paine Tres Lagos Tupiza Ultimo día un mundo sin bicicletas Ushuaia Viento en la altura Yala