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domingo, 30 de septiembre de 2012

Los Top 3 de los Andes (en bici)

¿Los tres mejores lugares para andarlos en bicicleta? ¿los tres más fabulosos? Aquí los mejores lugares en los Andes sudamericanos nombrados por unos cuantos ciclistas alrededor del mundo, los tres más impresionantes, los que más se recuerdan en los ojos del ciclista.



1. Cordillera Blanca, Perú

Historias de los Andes y de abras de gran altura. Este camino (foto) sube poco a poco hasta los 4,900 metros de altura. Las abras del Parque Nacional Huascarán son atravesadas año a año no sólo por turistas, sino también por ciclistas. La anécdota es : sólo los elegidos pueden atravesarla (!), depende del día, de la condición del tiempo y del cuerpo. En el 2008 un español y su esposa, ambos en bicicleta, no pudieron atravesar esta altura. ¿Qué habían comido ese día? "Nada especial, decían, simplemente qué poca capacidad de respiración la mía". Se treparon a un vehículo turista que estaba recorriendo la zona para volver al campamento de entrada del Parque Nacional, tuvieron que renunicar a intentarlo.

Otros consiguen pasar y sobrepasar la altura con la mente colgando a un lado de la cabeza, pedaleando a cinco kilómetros por hora, como si el motor dejara de funcionar en cierto punto de la ruta. ¿Y el soroche o mal de altura? Casi todos tienen suerte de no sentirla, pero los pocos la sienten y les es imposible atravesar la barrera.

Lo impresionante de esta ruta desde Huaraz hasta Chavín o Huánuco es que uno consigue pasar del lado occidental al oriental de los Andes. Los ríos que viste al principio del día desembocan en el Pacífico, mientras que los que observaste en la tarde, en el Amazonas. Eso es lo impresionante de la cordillera de los Andes en el Perú.



2. Carretera Austral, Chile

Uno de los sitios más espectaculares para andar sobre las dos ruedas es la Carretera Austral en Chile, un camino de tierra que va desde el sur de Chiloé hasta Puerto O'Higgins. Una carretera que parece sacada de un cuento de hadas. Los rabarber, hojas del tamaño de una pesona, me hicieron recordar a las historias de duendes escondidos en un bosque. Algunos días puede llover, otros con un sol fabuloso. El mejor trayecto para demostrar las capacidades técnicas de la mountain-bike. Pendientes de más de 10% al lado de quebradas y lagos glaciales. Sin duda, el lugar favorito de muchos ciclistas de las zonas europeas. Muy popular.

Lo recomendable es entrar a Chile desde Trevelín, Argentina, cerca a la zona de los lagos. Y recorrer desde Futaelufú hasta Puerto O'Higgins este camino de tierra. A medio camino hay una ciudad llamada Coyhayque.



3. El Altiplano, Bolivia

La meseta más alta del mundo y la más extensa me hizo recordar al Desierto del Sahara. Desde Oruro hasta las quebradas de Tupiza, estos paisajes permanecen pegados en la mente del viajero. Andar en bicicleta es una prueba al estómago y al ombligo. Sobrevivir a cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

Recomiendo seguir la trocha de tierra que va de Oruro a Uyuni. Esta ruta pasa por Tahua, un pueblecito a orillas del lago de sal que tiene los todos los servicios básicos para el viajero. Lo mejor es acampar sobre la sal y despertar rodeados de grupos de llamas. Un espectáculo sin igual en donde el Altiplano puede tener el sabor del mar.

La anécdota del "Andes Trail" fue el día del viento. Un viento que se coló por las partes más íntimas del cuerpo. Sin duda, apta para la gente más fuerte y preparada. A must !

viernes, 20 de enero de 2012

Viento y arena en Bolivia



Viento, arena, kilómetros, con los manubrios sobre las trochas bolivianas.


Dos días después de La Paz y de una carretera asfaltada que pasa por Oruro y otros poblados del Altiplano, entramos hacia los caminos que llevan a Uyuni, la famosa laguna de sal.

Hace dos años, los bolivianos estaban construyendo una carretera hacia Uyuni, o por lo menos hacia una comunidad llamada Salinas, muy cerca de allí. Sin embargo, el camino nunca se terminó de asfaltar. La esperanza de los pueblos quedó en una ilusión. El terreno afirmado es una trocha mal conservada. Montar bicicleta sobre ella obliga a buscar otro camino.



Viento, demasiado viento

En nuestro primer día sobre la trocha hay muchísimo viento en contra. El viento sopla en dirección contraria a nosotros los ciclistas, cerro arriba, cerro abajo. Los 80 kilómetros que tenemos que recorrer son interminables . Sólo nos queda pedalear y pedalear hacia el campamento.

Llegamos a una cima. El viento sopla con tal fuerza que vemos una nube de polvo/arena cubrir el paisaje. ¿Hacia dónde estamos yendo?

Remolinos de arena, tierra que entra en los ojos, en la boca, que golpea con fuerza sobre nuestros cuerpos. A veces me tengo que detener para darle la espalda al viento y para no sentir las partículas de tierra que rebotan sobre mis piernas.

Inútil. No vale la pena detenerse, simplemente seguir y seguir hasta el final del día porque no hay cómo evitar ese viento absurdo que no sé de dónde está llengando. Después de varias horas llego a un campamento enterrado sobre la arena.



Accidente en la altura

En nuestro segundo día sobre la trocha esperamos no tener viento. Yo pedaleo y pedaleo con velocidad para no tener que sobrevivir de nuevo al viento, pero no, felizmente no hay vientos fuertes ése día. Tenemos que recorrer una ruta alrededor de un volcán que colinda con el famoso Salar de Uyuni.

La carretera es tan mala que parece una trocha para practicar la mountain bike. Todos los ciclistas vamos en fila india. Algunos quieren demostrar que son más rápidos. Yo me tomo la paciencia de recorrer esa trocha repleta de piedras y de arena con cuidado, mirando dónde pongo mi llanta delantera. Kilómetros antes de llegar, a orillas del Lago de Sal, veo a uno de los ciclistas en el suelo. Estaba compitiendo con otro de los ciclistas y por no tener cuidado cayó al suelo y se rompió la clavícula.

Clavícula rota. El salar es una maravilla, pero es lamentable que un día tan maravilloso sea opacado por un accidente.

martes, 12 de octubre de 2010

Últimos días en Bolivia

Los ultimos días en Bolivia atravesamos los últimos parajes Altiplánicos, por caminos de tierra.

Vemos a lo largo del camino varios grupos de llamas pastar el ichu (pasto andino) en las alturas y además uno que otro poblador sentados al lado de la carretera, esperando algún vehículo que los recoja.

La gente se pregunta : ¿cómo puede vivir la gente a 4,000 metros de altura? Además en casas de adobes (barro) y sin postes de luz y escasa agua.

Dormimos una noche en Atocha, un poblado minero "olvidado", me dice el dueño del único hostal del lugar. "¿Por qué han elegido este lugar? Aquí en Atocha no hay nada", continúa el señor. Camino alrededor del pueblo y descubro que hay poco. En la única plaza hay una avioneta como estatua y figuras de metal representando a mineros. "El gobierno nos olvida".

Después de Atocha por fin dejamos el Altiplano. El camino sigue siendo ripio mal afirmado. Es incluso difícil y doloroso descender las montañas. Pero llegamos a un valle de cerros rojos y cactus, muy hermoso. Y a Tupiza, una ciudad calurosa, al fin.

jueves, 7 de octubre de 2010

viernes, 10 de octubre de 2008

Mi emoción es grande por llegar a la Argentina, sobre todo a la región con la que siempre soñé: los Andes argentinos. Desde pequeña escuché en casa discos de mi padre, a Los chalchaleros, Jaime Torres, Atahualpa Yupanki, Horacio Guaraní. La música en casa era una religión y esa religión la voy a llevar entrando a los Andes argentinos. Buscar, buscar y buscar música en todas las esquinas... cantar las canciones de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán. . Qué emoción, no lo puedo evitar. Sólo me quedan dos días, poco nada más para entrar a esa región de la que siempre escuché cantar.

Espero encontrar música, sólo música.

jueves, 9 de octubre de 2008

Un día con mucha tierra. Caminos llenos de baches. Demasiado polvo. Atocha es un pueblo pequeño que más aparece estación de tren que un centro poblado.
Poco a poco vamos descendiendo hacia Argentina. Poco a poco vamos dejando estos Andes tan altos y secos. Mis manos esperan recoperar su vigor. Se están partiendo.

lunes, 6 de octubre de 2008














Montar bicicleta en
Uyuni es como pedalear sobre el mar. La blancura de la sal parece un espejismo. No es nieve ni cal... es sal... un salar de más de cien kilómetros de diámetro.

Uyuni parece una laguna sin final. Salimos temprano emocionados hacia el salar. El lugar es grande, nada pequeño, más de cien kilómetros de ancho y doscientos de largo. Vemos al principio unas montañas que parecen islas, pero cuando entramos hacia la laguna de sal (más dura que el cemento), las islas/montañas desaparecen. Sólo nos queda seguir la intuición.
La Chevy va por delante, la Petrol por detrás. Los ciclistas en medio alucinando con ese poder de irradiación. Todos tienen que protegerse del sol. La irradiación viene de todas partes.

A cuarenta kilómetros está la Isla del Pescado o isla Incahuasi. Allí tomamos refrigerio y varias fotografías de cactus gordos y enormes. Los irlandeses, la francesa y André, un amigo holandés, visten de vaqueros y posan delante de todo lo que pueden !!




La emoción es grande. Seguimos en bicicleta hacia el hotel de sal, Playa Blanca. El frío es intenso, parece que estamos en la nieve; nos cuesta comprender que Uyuni es sal. Esa noche duermo en mi spleepingbag porque hace demasiado frío... mucho mucho frío.

domingo, 5 de octubre de 2008




Hoy llegamos a Tahua por una trocha preciosa. Cruzamos los poblados de Tambo y Salinas. Allí la gente sale de sus casas, los niños también. Compramos doscientos panes donde doña María.
Al acercarnos a Tahua comprobamos uno de los lugares más espectaculares que la naturaleza nos puede dar: El Salar de Uyuni.
Emocionados nos detenemos a tomar fotografías. Precioso paisaje.

sábado, 4 de octubre de 2008


Esta noche, Rob y Didier quieren ver si hay otra ruta alternativa hacia el pueblo de Tahua. Yo los acompaño en la Petrol. Salimos a las cinco de la tarde en busca de caminos.
Para llegar a Tahua tenemos que pasar por la parte de atrás de un volcán. Rob quiere intentar ir por la parte delantera del volcán para así experimentar la sal.

Seguimos carretera, preguntamos a un camionero si hay alguna ruta alternativa, nos dice más allá hay un camino que va por la izquierda, ése es el camino.


Nosotros viramos a la izquierda cuando vemos la trocha y seguimos el camino hacia unas chacras con vicuñas y guanacos. Al lado derecho está el volcán, al lado izquierdo las chacras.
Vemos desde allí la sal, una planicie blanca proyectarse hasta el horizonte.

“¿Qué te parece Didier si cruzamos esta planicie de sal e intentamos llegar hasta el volcán?”, sugiere Rob.
Perfecto.
Didier vira a la derecha pero comprueba rápido que la sal no es dura, sino un lodazal.

“¿Estás seguro, Rob?”.
“Segurísimo”.

La Petrol es felizmente una cuatro por cuatro, consigue avanzar en el lodo y acercarse lentamente hacia el volcán, pero está oscureciendo.
Noche.
Todavía no llegamos al volcán. Estamos asustados por la oscuridad y por el lodazal.
El auto avanza y avanza en primera... hasta que la sal se vuelve dura muy dura y podemos andar sobre ella.
Qué impresionante. Esto parece nieve. Pero no hay camino por la parte delantera del volcán. Tenemos que regresar.
Perdemos la orientación. Cuando encontramos la trocha Didier vira a la derecha.

Yo le digo con mi lógica andina: “estamos regresando a las chacras”.
Pero no me entiende.
Sigue avanzando otra vez hacia el salar.

Nos equivocamos le digo, el volcán sigue a nuestro lado derecho cuando debería estar a nuestro lado izquierdo, Didier !!!!!


“Ay Susana, por qué no nos dijiste antes?”
Yo te lo dije: te dije las chacras, y no me entendiste. Diferencia cultural.

Llegamos tarde al campamento. Todos están durmiendo. Hace un frío muy fuerte. Terminamos comiendo y durmiendo en La Petrol. Bien acurrucados, bien calientitos.



En el Altiplano todo parece espejismo. A un lado vemos un lago blanco, al otro lado miles de caminos. Y después horizonte, horizonte, horizonte.

Geert, uno de los ciclistas de mayor edad (63), tiene problemas con la orientación. No habla ni inglés ni español, y además siempre está en competencia. Es un gran deportista, siempre desafiando su físico, tiene una fuerza espiritual demasiado fuerte como para dejarse dominar por otras corrientes de opinión: hasta ahora no bajó de la bicicleta un sólo día a pesar de la diarrea, mal de altura o dolores de cabeza. Monta la bicicleta como fuego, y siempre desafía a un grupo de dos irlandeses y una francesa mucho más jóvenes que él.

Hoy Geert está primero. Vuela cual bala por los caminos del Altiplano. Llega al pueblo de Quillacas y sigue ruta hacia un cruce (o junction) equivocado, ¿por dónde ir? Se detiene para ver quién lo puede ayudar, pero para su mala suerte ve a los irlandeses y la francesa detrá suyo. Competencia, competencia, no se quiere dejar pasar, cree en su mal instinto–sin mapa- y sigue de frente... no mira más atrás, sigue embalado el camino en dirección recta y equivocada.

Nosotros, Didier y yo, estamos en el carro del refrigerio y por distraídos seguimos a Geert por la misma vía. Después de pasarlo llegamos a un pueblo que no aparece en nuestro mapa. ¿cómo se llama este pueblo? Ahora no lo recuerdo. ¿Y cómo llego a Salinas? Se equivocó de camino.
Didier y yo damos media vuelta y regresamos en busca del verdadero camino. Eso de andar por el altiplano es casi como en el desierto: miles de caminos sin letreros que digan claramente hacia dónde vamos ni desvíos !!
Al regresar nos cruzamos con el pobre Geert. Le tenemos que dar la mala noticia de que se equivocó de camino, y comprobamos que ningún ciclista está detrás suyo. “Nos desviamos diez kilómetros, Geert, ¿no quieres ir en la camioneta?”. El cabeza dura nos dice que no. Le explicamos que se equivocó al tomar el desvío y que tiene que volver y virar a la derecha.
Didier y yo continuamos ruta, tenemos que adelantar a todos los ciclistas para prepararles a tiempo el refrigerio. Tomamos una carretera en construcción (la vía correcta). Quién mandó a construir esta carretera, pienso, porque no hay ningún letrero que explique los desvíos. Aquí y allá hay tractores, trailers y aplanadoras trabajando día y noche con miles de caminos alternativos (y miles de guanacos sueltos pastando su ichu y su muña).

Didier y yo estamos precoupados, no sabemos aún que tendremos un día peado. Sólo nos queda andar embalados. Aquí empieza el rally... misma carrera de autos pero compitiendo con las bicicletas.Tomamos un desvío por el lado derecho, luego trepamos a la carretera en construcción y debemos ir por un desvío al lado izquierdo. Tierra fina penetra en el auto, una nube de polvo inunda la cabina, nuestra respiración dificulta, lo mejor es abrir la ventana, no detenerse y llegar antes que el primer ciclista al lugar del refrigerio. A lo lejos vemos a los ciclistas, más allá hay un cerro pequeño en el que nos detenemos. Allí haremos el refrigerio. La Chevy (nuestro otro carro de apoyo) por casualidad también está allí con los huevos rotos y muchas cajas deshechas.
“El peor camino que nos ha tocado”, dice Kirsten.
“¡Y hemos perdido la llanta de repuesto!”, dice Ewald.
Nosotros preparamos el almuerzo, recibimos a los ciclistas, pasa el tiempo y Didier se ofrece ir en busca de la llanta de repuesto de la Chevy. Nos preguntamos ¿qué es de Geert? Estamos preocupados.
Pasa una hora, dos... ni Didier ni Geert aparecen por alguna parte. Después de media hora escuchamos un carro. ¡Es Didier! Él nos cuenta la siguiente historia:

“Los trabajadores de la carretera escondieron nuestra llanta, me vieron a mí y me preguntaron: ¿es suya esa llanta? Queremos cien pesos a cambio de su devolución. Yo les dije: pero si es mi llanta, no tengo por qué pagarles 100 pesos por ella. ¿Cincuenta?, preguntaron. No, no, no. Y al final me pidieron: Diez y cuatro cervezas, ¿de acuerdo? Bueno, bueno...”
Didier tiene la llanta felizmente, pero Geert todavía aún no llega.
Didier: “Geert se equivocó nuevamente de camino, pero ya está viniendo para acá”..
Media hora después llega Geert. Llega completamente estresado.
“Tú me dijiste que el refrigerio estaba detrás de ese cerro pequeño... a medida que me acercaba veía al cerro volverse grande más grande y dudé... di media vuelta y fui en busca de ustedes por otro lado... y mira el tiempo y los kilómetros que me costaron”.

Tranquilo Geert, pronto llegaremos a nuestro destino, no olvides que el Altiplano es puro espejismo.

viernes, 3 de octubre de 2008

Vamos hacia la Bolivia profunda.
¿Y qué es la Bolivia profunda?
Pueblos que parecen abandonados.

Salimos de Oruro hacia nuestro primer bushcamp cerca a Challapata. Nuestra intención es llegar al Salar de Uyuni por un camino poco conocido y transitado, hacia un pueblo llamado Tahua.
Todo va bien mientras hay asfalto. Todo es color de rosa mientras la tierra y el polvo no entorpecen nuestro camino. Confieso que monto mejor la bicicleta sobre la tierra que sobre el asfalto pero esto es arena.

Después de Challapata nos perdemos buscando el camino en una planicie llena de caminos. Salir del asfalto es entrar a un mundo apartado en donde los pueblos parecen fantasmales, y las iglesias restos arqueológicos de otra era. Nosotros seguimos un camino que parece carretera sin embargo en algún punto la trocha se divide en varios caminos que llevan a cualquier parte.
Detengo un camión. Pregunto cómo puedo llegar hacia Quillacas. El señor me señala un camino por la derecha, al lado de un vía férrea que nunca se utiliza y que llega hacia Potosí. Pero yo no me convenzo. Rob nos dijo (el jefe de los pantalones cortos) que debíamos seguir otro camino! Espero a otro camión, a ver si me da la alternativa correcta; nos manda por el camino de en medio. Terminamos recorriendo 30 kilómetros más de lo normal y nos convencemos que los caminos son los mismos y llegan al mismo punto, sólo que el gran vueltón altiplánico nos costó demasiado tiempo.

La Chevy estaba más cerca de lo que nosotros imáginabamos con la cena lista y las carpas hechas. Llegamos al anochecer.
Estos primeros días de octubre estamos en el Altiplano boliviano. Salimos de La Paz hacia Oruro por una carretera asfaltada. El camino es tranquilo, laaargo y recto, entre paisajes de ichu y campos de cultivo y pueblos.

A medio camino nos topamos con una pareja de australianos que está recorriendo la América del Sur desde Nazca hacia Ushuaia. Ellos cargan sus equipajes en sus parrillas, pedalean fuerte para conseguir las cimas. Ellos no tienen que competir con nadie, sólo con ellos mismos, no como nosotros que andamos en competencia.

Oruro es una ciudad bastante habitada. Llegamos allí al mediodía, en medio de un tráfico apretado y controlado por diez policías en cada esquina (no exagero).

-Acaso va a venir el presidente, señor policía?
-No señorita, nosotros trabajamos así en Bolivia.

Por ninguna parte se ven estragos de los problemas que han dado la vuelta al mundo. “Ello está ocurriendo en el oriente”, nada en la zona altiplánica.

En Oruro nos alojamos en un hotel que por poco y no parece el universo de colores chillones: el Hotel Galaxia. Muchos problemas para organizarnos, pero poco para el desayuno. El mejor desayuno de todos el viaje: pan de yuca y croissants con chocolate. Super gláctico el hotel.

A la siguiente mañana nos cuesta salir del estacionamiento con nuestras bicicletas. Hay protestas. Alguien tira un dinamitazo y salimos disparados por otro camino más seguro. El guardián del estacionamiento me dice: la gente está enojada porque no le dejan trabajar. Luego me entero que son los ex-empleados de una empresa minera. Privatizaron la empresa y los botaron por exceso de personal. Todavía dudo si la protesta valió la pena el dinamitazo. Yo me asusté.

jueves, 2 de octubre de 2008


La Paz sin paz.


Vehículos tocando bocina, ambulantes vendiendo sus productos, peatones que tienen que esquivar a esos vehículos y a esos ambulantes. Un policía tocando el pito, haciendo la finta que controla el tráfico, una cola de combis que abarca toda una avenida, y las casas de ladrillo, sin acabados, a medio terminar poblando el valle... como una olla a punto de estallar con puntos naranjas apropiándose de los barrancos.

Yo en el mismo hotel de antaño, en la misma calle, las mismas caras en los restaurantes, en la recepción, en las tiendas de las esquinas, en las combis y las plazas, la misma sensación de extrañez, de conocer perfectamente las curvas, las rectas, los óvalos, las bibliotecas, los restaurantes. ¿Quieren que los lleve a un restaurante argentino en La Paz?, eso quieren mis gringos. ¿A divertirnos en un restaurante holandés comiendo gehaktballen y bitterballen? ¿o al pub irlandés?



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