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domingo, 29 de agosto de 2010


Estos últimos días los paisajes cambian.

Ingresamos a los Andes peruanos desde la costa Norte por un camino de tierra a lo largo del río Santa, un río que nace en los nevados de la Cordillera Blanca (Áncash) y desemboca en el Océano Pacífico.

Las trochas son parte del Andes Trail. Lo dijo muy bien uno de los líderes del grupo: el Andes trail recién empieza aquí, después del Ecuador y la costa norte del Perú, en un camino de grava con piedras y arena que produce dolor en los brazos y las piernas.


Cactus a lo largo del camino, nuestros acompañantes de ruta

La primera noche acampamos dentro de los desérticos territorios del Proyecto Chavimochic, en La libertad (Perú). Elegimos una superficie de cemento, ex-cancha de fulbito, para levantar las carpas, cocinar y pasar una tarde tranquila reparando bicicletas y mirando el atardecer. 

- ¿Por qué abandonaron este pueblo? -me pregunta uno de los ciclistas.
- No lo sé -le contesto y luego pienso en las posibles respuestas a esa pregunta.  


Francien y Edson, los encargados de la cocina con sazón peruana-holandesa

Pero no es en realidad un pueblo, parecen más bien las bases del campamento de un proyecto temporal de Chavimóchic. Chavimóchic, un proyecto de irrigación e hidroeléctrica. Horas después le pregunto a un policía y me dice que hace varios años vivieron allí algunos trabajadores del proyecto. "Construyeron un canal de irrigación y se fueron". Y ahora quedaron las bases de esa ex cancha de fulbito.

A la mañana siguiente, después de beber un café caliente, pues hace frío en la costa peruana, sopla un viento helado a toda hora del día, enrumbamos en las bicis hacia la serranía. Es extraño pero no sentimos que estamos trepando de cero metros hacia mil metros sobre el nivel del mar; el camino tiene una pendiente mínima agradable para pedalear.


Uno de los ciclistas a punto de atravesar un túnel largo y muy oscuro

El paisaje empieza a cambiar. Montañas enormes cuyas cumbres son difíciles de percibir. El camino es una línea delgada que repta en las paredes de una quebrada. Túneles oscuros, en trocha, que atraviesan montañas; dos centros poblados de mineros artesanales que extraen "carbón de piedra". La poca gente que vemos nos saluda a lo largo del camino.

La quebrada se convierte de un momento a otro en un cañón donde lo único que se escucha son las aguas del río y las ruedas de mi bicicleta. Aquella noche dormimos en la boca del cañón con luna llena y sin viento.

Al día siguiente dejamos el campamento y empezamos a trepar el camino hacia los 2.500 metros sobre el nivel del mar. Curvas en zigzag. Cactus, pequeñas casas de adobes, perros que salen a ladrar detrás de nosotros. Piedras que saltan en el camino.

En un puente un grupo de trabajadores me grita: "viva el Perú gringuita", y se ríen cuando les repito "viva el perú, carajo". Más allá una señora me saluda en la lejanía con un saludo quechua de bienvenida y otros alzan la mano cuando nos ven pasar. Pasamos por pequeños caseríos y Huallanca y la trocha sube y baja en zigzag.


Un descanso al lado del cañón
El cañón del  Pato es tan estrecho que en la trocha apenas cabe un camión mediano con sus cuatro o seis ruedas. Tiene muchos cactus y es seco, y lo mejor de todo son los 47 túneles que se tienen que atravesar. Dicen que antiguamente era trocha carrozable donde la gente con miedo cabalgaba hacia el otro lado del valle : Caraz o Huaraz.

A nosotros nos tocan túneles largos y de miedo. En uno de ellos tenemos que detenernos para dejar pasar a un grupo de camiones. Nuestras linternas no son lo suficientemente buenas y el ruido que puede producir un motor dentro de una de esas cavidades en las montañas es de terror. Pero salimos airosos de esa aventura y llegamos a Caraz a media tarde a refrescarnos con los buenos helados de la zona.

Ahora escribo desde Huaraz, nuestro punto de descanso. Mañana lunes salimos hacia el Parque Nacional Huascarán... nos esperan muchìsimas aventuras más. Esta noche llueve aquí. ¿Cómo será mañana a 4.200 msnm?

domingo, 31 de agosto de 2008

Viajar, perder fronteras.

Los últimos días fueron un verdadero reto. Cruzar el desierto costeño desde las playas de Huanchaco en Trujillo, Perú, hacia el Callejón de Huaylas llevó a los ciclistas a probar sus frenos, pedales, fuerza en los brazos y piernas en los caminos de trocha. Muchos de los ciclistas creían que el viaje ya había empezado en el Ecuador, pero ahora camino a Huaraz comprobaron que los caminos que ellos imaginaban eran más complicados de lo que creían.




La primera noche acampamos al lado del río. Allí puse a prueba mi lógica peruana. Sí, nosotros los peruanos tenemos una lógica peculiar que los holandeses no entienden a veces. Nosotros estábamos en el auto en medio del desierto. Ninguna casa, ningún río, nada. Nosotros teníamos que buscar un lugar para acampar. Al fondo veía yo unos árboles.

-Allí hay un pueblo, seguro.

-Jajajaja... ¿es esa tu lógica peruana? ¿Donde ves un árbol ves un pueblo?

Me quedo callada luego digo:

-Bueno sí... que yo sepa donde hay árboles hay pueblos.



Avanzamos con el carro y evidentemente hay un pueblo grande llamado Tanguche, en medio del desierto. Hay varios campos de cultivo y un enorme río, el Río Santa, cruzando en medio de ello. Nosotros seguimos la ribera del río en busca de un lugar donde acampar.

-Seguro aquí no hay mosquitos, ¿no? Hace frío. Estamos lejos de la costa.

Mi lógica peruana me dice: "Sí hay mosquitos y nosotros seguimos en la costa".

Dicho y hecho. Bajamos del carro a arreglar el equipo del campamento... y ¿para qué dice don Ewald que no hay mosquitos? Los mosquitos empezarona aparecer de todos lados, a picar piernas, brazos, caras, cuellos.




Al llegar los ciclistas, mejor ni les cuento. Ellos suelen andar en pantalonetas.... los bichos que les picaron y en todas las partes del cuerpo. Uno ya no podía ni ir al baño, pues habían ataques del mosquito del río Santa en las partes privadas del cuerpo... Ni nuestro médico pudo dormir en paz, pues con su teoría: "de dormir sin carpa es más rico" terminó arrasado por los bichos malignos. Al día siguiente escapamos lo más rápido de ese lugar. Pocos durmieron bien. Mi lógica peruana es así... yo ya sabía ;)



Al siguiente día agarramos un pedazo de carretera hacia Huaraz, asfalto que termina diez kilómetros después de recorrerlos. La trocha que empezamos a recorrer era casi tan maligna como los mosquitos. Ni un momento de paz. Piedras por aquí y por allá, total control sobre la bicicleta y en subida, doblemente difícil. A medio camino encontramos un pueblo con numerosos burros en la pista, que se asustan de nosotros. Más allá cactus y más cactus y piedras de colores. Nunca había visto yo una sierra tan seca y a la vez tan atractiva.


Para qué montar bicicleta me digo yo en estos lugares tan secos y desolados. Es una carretera fantasmal por la que de vez en cuando transitan camiones de carga pesada, y alguna camioneta bien embalada y desconsiderada.

Y compruebo que venir al Perú con extranjeros es mirar con otros ojos. Llegar aquí es vivir el Perú de otra manera. Ya no eres el lugareño gringo habitual sino la gringa que viene con gringos y que tiene que sacar la bandera cada vez que los quieren engañar.


Volvemos a acampar en otro lugar menos habitado por mosquitos. Unas señoritas gorditas llegan a saludarnos y nos dicen que es Huarochirí. Aquella noche felizmente nadie tiene problemas con los mosquitos, pero sí con el calor... la gente está rasca que se rasca en sus carpas los mil puntos rojos de las piernas. Dicen que las picaduras de mosquitos recién se sienten al día siguiente. Allí estamos nosotros también.

Llegamos a Caraz después de tres días sin asfalto y cincuenta túneles oscuros por atravesar con el miedo a ser atropellado por un camión. La Chevy se portó muy bien, también la patrol. Kirsten preparó unas cenas deliciosas y nosotros de vuelta a las camas de hotel.

Mañana Huaraz, luego subir y subir más hacia las serranías peruanas llenas de ICHU.

Es bueno saber que tenemos una lógica peruana que funciona y que muchas veces sirve de precaución.

viernes, 29 de agosto de 2008



Caraz - August 29th, 2008

An average of 10 kilometer an hour.
We crossed in two days the Cañon del Pato. I try to explain what it means for cyclists and cars : 3000 meters climbing, 50 pitch-black tunnels ( frightening when traffic is coming from the opposite direction, you have to rush backwards ), a dozen of rickety bridges, awful roads with lots of loose rocks, scary overhanging rocks which can break off every single moment, deep cliffs to the Rio Santa, 2000 meter towering massive mountains on both sides of the road, overloaded trucks which covers you in centimetres of dust, meters high cacti next to the road, crossing donkeys, rocks formations in all kind of colours from yellow to dark brown and from orange to crimson red. Cyclists reach an average of 10 kilometer an hour when they have strong legs; the Patrol and Chevy are a bit faster : 11 kilometers an hour. Wauw!!!


There is no reason to go faster, because the scenery is overwhelming; it would be a shame to cross the Cañon del Pato with a higher speed. Everyone arrives after two days of “bumping it’s ass” completely broken in Caraz. The “real” Andes Trail has started.


We have a nice hotel at the local square of pretty town of Caraz. The showers are great and we are happy to remove the dust of the Canon del Pato and two nights bushcamping. The palm tree square is the décor for a real cucaracha-race in the evening hours. Len, Sean, Mick and a few others pay the cucaracha drivers a few sol ( Peruvian currency ) to race around the square. It’s good fun till the police shows up.

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Bushcamp - August 27th, 2008
Breakfast talk
After three weeks lodging in hotels, ranging from basic to upper class, it was time for camping : “bush camping”. Pitch the tents next to the road, have soup, have a laugh, have dinner and try to sleep. Yes, “try” to sleep. The results after one night bush camping at the breakfast table :- “I couldn’t sleep, cars kept on passing by”,

- “the mosquitoes were flying around me, I woke up at 2 o’clock to walk around”,
- “I dreamed that I was repairing a bicycle of 18.000 euro”,
- “I thought that tens of people were standing next to my tent, I was afraid”,
- “I dreamed that I changed my insurance polis to an insurance polis of KLM, because it was 50 per cent cheaper”,
- “I heard Joop whispering to Mient very nice short speeches”,
- “the sandflies were itching all over the place”. Anyway : a lot happens during the night. Fortunately without me, because I slept ( as one of the only ones ).

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