Montar bicicleta en
Uyuni es como pedalear sobre el mar. La blancura de la sal parece un espejismo. No es nieve ni cal... es sal... un salar de más de cien kilómetros de diámetro.Uyuni parece una laguna sin final. Salimos temprano emocionados hacia el salar. El lugar es grande, nada pequeño, más de cien kilómetros de ancho y doscientos de largo. Vemos al principio unas montañas que parecen islas, pero cuando entramos hacia la laguna de sal (más dura que el cemento), las islas/montañas desaparecen. Sólo nos queda seguir la intuición.
La Chevy va por delante, la Petrol por detrás. Los ciclistas en medio alucinando con ese poder de irradiación. Todos tienen que protegerse del sol. La irradiación viene de todas partes.
A cuarenta kilómetros está la Isla del Pescado o isla Incahuasi. Allí tomamos refrigerio y varias fotografías de cactus gordos y enormes. Los irlandeses, la francesa y André, un amigo holandés, visten de vaqueros y posan delante de todo lo que pueden !!
La emoción es grande. Seguimos en bicicleta hacia el hotel de sal, Playa Blanca. El frío es intenso, parece que estamos en la nieve; nos cuesta comprender que Uyuni es sal. Esa noche duermo en mi spleepingbag porque hace demasiado frío... mucho mucho frío.












