Cerro de Pasco, una ciudad estancada en una promesa. Mucha gente emigró hace ya varios años hacia este lugar, que nunca fue una ciudad ni si quiera un pueblo con la esperanza de ganar dinero gracias al desarrollo de las minas. Pero miren lo que es ahora. Una ciudad construida alrededor de una laguna que fue una mina, con calles de tierra, casas a medio construir, gente bebiendo cañazo en las chinganas, cables de postes eléctricos que cruzan de una calle a otra, sin agua las 24 horas, difícil de describir.
- ¿De qué ciudad eres? ¿Naciste en Cerro de Pasco?, le pregunto a la administradora de nuestro hotel, Hotel Wong.
- Yo no nací aquí, señorita. Yo nací en el Cusco.
- ¿Y qué haces aquí?
Todavía recuerdo uno de mis paseos a la selva del Cusco. Un año antes, mi hermano había visitado un pueblo llamado Kiteni. "Hay muchísimos insectos y plantas que quiero recolectar", me contó muy animado, él es botánico y entomólogo, y le pareció el paraíso. Un año después fuimos los dos, mi hermano y yo, a Kiteni. ¡Cómo había cambiado! De las tres casas que habitaban el lugar, ahora eran mucho más de cincuenta, lleno de negocios, restaurantes, hoteles. Pregunté qué había pasado en el lugar : "mucha gente ha llegado aquí para el proyecto del Gas de Camisea en busca de trabajo", y mucha de esa gente nunca consiguió un puesto de trabajo y se quedó estancada en el lugar tratando de abrir negocios para sobrevivir y volverse a su pueblo o ciudad de origen.
Me imagino que lo mismo le pasó a Cerro de Pasco.
Abrieron la mina con una promesa. Mucha gente emigró con la esperanza de encontrar trabajo y la mayoría se quedó estancada, inventando negocios para poder sobrevivir.
Esta mañana veo una pelea entre dos choferes de buses. Ellos gritan Huaylláy-Huaylláy. Los posibles pasajeros se meten a un carro, luego al otro, pero uno de los choferes se molesta, sale irritado de la cabina del bus y le mete trompicones al otro. ¿Quién tenía derecho a subir a los primeros pasajeros?
En el Perú las cosas son así, todo se trata de justicia o injusticia. Y si hay injusticia se meten a trompicones, incluso por cosas irreales que ni existen.
Salgo de Cerro de Pasco hacia La Oroya. Veo desde la carretera una ciudad empobrecida dentro de las cavidades de una mina. Hace frío, demasiado frío.
