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lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Avanzamos?


Una de las ventajas de andar en bicicleta es la de ver de cerca la realidad que te rodea, ser capaz de tocarla y de sentirla. Uno puede detenerse a medio camino a tomarse una Inca Kola o simplemente a conversar con la gente. Viajar en bici por el Perú es un placer como ningún otro, sobre todo cuando se transitan por trochas que te llevan a las zonas más olvidadas del país. 

Estos niños viven en la zona del VRAEM y apenas saben el nombre de la capital del Perú, tienen entre diez y trece años y con las justas suman y restan. Me los encuentro en La Esmeralda, un pueblito perdido en el mapa de la frontera de Huancavelica y Ayacucho, por la ruta del río Mantaro. Los niños se acercan a nosotros los ciclistas que decidimos darnos un descanso aquí. 

-¿No van al colegio estos niños? -me pregunta Paul, un holandés del grupo, que lleva puesto su jersey naranja.

Me quedo pensando en su pregunta. Para mí siempre ha sido normal ver a niños corretear de aquí para allá en mis viajes por mi querido Perú, pero su comentario me sorprende, nunca antes había reparado en ese detalle, así que decidí acercarme a uno de los niños que estaban sentados en el porche de la municipalidad para preguntarle dónde estaba el colegio del pueblo, que si no tenían clases. 

-Los profesores están de huelga -me dijo el mayor de ellos. Sus compañeritos, unos ocho niños menuditos y de ojos tristes, me miraban con timidez, hasta que soltaron la carcajada.
-¿Y dónde está tu profesor?
-Vive en Huancayo, no en este pueblo.

Cuando escuché esa respuesta me pregunté hacia dónde se dirigía la educación en nuestro país. Quienes vivimos en la gran ciudad nos venden la idea de que el Perú está avanzando, y sin duda lo está, en construcción de carreteras, edificios, centros comerciales, la gente tiene más poder adquisitivo y las ciudades están cambiando, pero cuando llegué aquí a La Esmeralda, a este pueblito huancavelicano, era como haber retrocedido cuarenta años en el tiempo y encontrarme con un país que muchos de mis conciudadanos no quieren resignarse a ver. 

Huancayo está a seis horas en auto desde La Esmeralda, la mitad asfaltada y la otra no. El profesor llega cada dos semanas a darles clases de matemática, lengua castellana y geografía, y luego desaparece por un tiempo; se pasa los días en la comodidad de su ciudad haciendo otras cosas que no sabemos, excepto darles una educación a esos muchachitos que me miraban con melancolía ese mediodía de septiembre. 

-¿Y hace cuánto que no tienen clases?
-Hace días ya...
-¿Y de cuántos días hablamos? 
-Muchos, señorita. La huelga, pues.

Me senté al lado de ellos. Les hice un examen de geografía. ¿Cuáles son las tres regiones naturales del Perù?
No supieron contestarme. ¿Y cuál es la capital de Loreto? Enumeraron varias ciudades, entre ellas Arequipa, sin nombrar Iquitos. Viajar por el interior de tu país te abre los ojos y te enseña de que el Perú no es sólo un puñado de ciudades sino el corazón de las zonas rurales que siguen viviendo como hace cincuenta años o más. ¿A quiénes beneficia ese falso nacionalismo, inventado e imaginado basado en booms gastronómicos, económicos e inmobiliarios?

Muero de verguenza al tener que responderle al grupo de extranjeros con el que estoy viajando de que los niños del Perú no están yendo a la escuela debido a una huelga general indefinida y que su profesor vive a seis horas de allí, y no llega siempre a darles clase, con o sin huelga. ¿Cuál será su futuro? 

Nosotros continuamos nuestro camino después de tomarnos una inca kola con esos muchachos. No me quiero poner moralista y aún menos catastrófica pero esa región por la que pedaleábamos estaba poblada por policías que controlaban los vehículos de la droga. El camino de la coca que serpentea hacia las profundidades de la selva. El VRAE a poco kilómetros de distancia. 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Los Top 3 de los Andes (en bici)

¿Los tres mejores lugares para andarlos en bicicleta? ¿los tres más fabulosos? Aquí los mejores lugares en los Andes sudamericanos nombrados por unos cuantos ciclistas alrededor del mundo, los tres más impresionantes, los que más se recuerdan en los ojos del ciclista.



1. Cordillera Blanca, Perú

Historias de los Andes y de abras de gran altura. Este camino (foto) sube poco a poco hasta los 4,900 metros de altura. Las abras del Parque Nacional Huascarán son atravesadas año a año no sólo por turistas, sino también por ciclistas. La anécdota es : sólo los elegidos pueden atravesarla (!), depende del día, de la condición del tiempo y del cuerpo. En el 2008 un español y su esposa, ambos en bicicleta, no pudieron atravesar esta altura. ¿Qué habían comido ese día? "Nada especial, decían, simplemente qué poca capacidad de respiración la mía". Se treparon a un vehículo turista que estaba recorriendo la zona para volver al campamento de entrada del Parque Nacional, tuvieron que renunicar a intentarlo.

Otros consiguen pasar y sobrepasar la altura con la mente colgando a un lado de la cabeza, pedaleando a cinco kilómetros por hora, como si el motor dejara de funcionar en cierto punto de la ruta. ¿Y el soroche o mal de altura? Casi todos tienen suerte de no sentirla, pero los pocos la sienten y les es imposible atravesar la barrera.

Lo impresionante de esta ruta desde Huaraz hasta Chavín o Huánuco es que uno consigue pasar del lado occidental al oriental de los Andes. Los ríos que viste al principio del día desembocan en el Pacífico, mientras que los que observaste en la tarde, en el Amazonas. Eso es lo impresionante de la cordillera de los Andes en el Perú.



2. Carretera Austral, Chile

Uno de los sitios más espectaculares para andar sobre las dos ruedas es la Carretera Austral en Chile, un camino de tierra que va desde el sur de Chiloé hasta Puerto O'Higgins. Una carretera que parece sacada de un cuento de hadas. Los rabarber, hojas del tamaño de una pesona, me hicieron recordar a las historias de duendes escondidos en un bosque. Algunos días puede llover, otros con un sol fabuloso. El mejor trayecto para demostrar las capacidades técnicas de la mountain-bike. Pendientes de más de 10% al lado de quebradas y lagos glaciales. Sin duda, el lugar favorito de muchos ciclistas de las zonas europeas. Muy popular.

Lo recomendable es entrar a Chile desde Trevelín, Argentina, cerca a la zona de los lagos. Y recorrer desde Futaelufú hasta Puerto O'Higgins este camino de tierra. A medio camino hay una ciudad llamada Coyhayque.



3. El Altiplano, Bolivia

La meseta más alta del mundo y la más extensa me hizo recordar al Desierto del Sahara. Desde Oruro hasta las quebradas de Tupiza, estos paisajes permanecen pegados en la mente del viajero. Andar en bicicleta es una prueba al estómago y al ombligo. Sobrevivir a cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

Recomiendo seguir la trocha de tierra que va de Oruro a Uyuni. Esta ruta pasa por Tahua, un pueblecito a orillas del lago de sal que tiene los todos los servicios básicos para el viajero. Lo mejor es acampar sobre la sal y despertar rodeados de grupos de llamas. Un espectáculo sin igual en donde el Altiplano puede tener el sabor del mar.

La anécdota del "Andes Trail" fue el día del viento. Un viento que se coló por las partes más íntimas del cuerpo. Sin duda, apta para la gente más fuerte y preparada. A must !

martes, 7 de septiembre de 2010

Huancayo en las nubes

Las nubes cubren la ciudad de Huancayo y sueltan un corto aguacero. ¿El verano andino ha empezado ya?, le pregunto a una señora que mira conmigo al cielo y quizás, quién sabe, se pregunte lo mismo.

A lo largo del camino hacia Huancayo ha llovido y la gente : las señoras en ponchos vendiendo quesos frescos en sus quioscos, los hombres con sombreros regresado de sus chacras o acompañados de un grupo de vacas y un perro, dicen que el verano se ha adelantado, que la época de lluvias viene reciencito en octubre, que no es normal que llueva tanto en setiembre. Y eso que recién ha empezado ya. 

La Plaza de la Constitución y la Catedral de Huancayo

Uso este tiempo verbal (el pretérito perfecto) porque aún sigue lloviendo, y ahora estoy en Huancayo, al lado de la plaza viendo llover. Me pregunto : ¿Cuánto durará esto?

Una de las calles más concurridas de Huancayo
Y recuerdo la primera noche que llovió sobre los 4,200 metros de altura, en el techo de mi carpa (tienda de campaña), con las nubes cubriendo los nevados del Parque Nacional Huascarán, y el ascenso a los 4,880 msnm con gotas de lluvia pero también con un poco de nieve, cayendo sobre mi rostro mientras pedaleaba. Y la noche en Tingo Chico, cerca a Huánuco, nuevamente lloviendo en el campamento. Y el peor día en Cerro de Pasco, a los 4,300 msnm, cuando varios ciclistas renunciaron y se subieron al vehículo de apoyo por la lluvia y el extramo frío. 

Mañana nos dirigimos hacia Ayacucho por una carretera casi invisible a la que le llamo "la del Perú profundo".  

Ahora mientras camino por las calles de Huancayo, esta ciudad con mucho movimiento nocturno: las farmacias abren hasta las once de la noche y las discotecas también funcionan los días lunes, algo poco normal en una ciudad pequeña, espero no ver más lluvia los siguientes días. Pero Huancayo está por las nubes y quizás nosotros los ciclistas terminemos allí también.  

Un neumático reventado

Uno de los riesgos de este viaje son, claro, los inconvenientes que puedan suceder a lo largo de la ruta. Uno de ellos es el pinchazo de una llanta (neumático) del camión, no la bicicleta, que retrasa el viaje y sobre todo la organización.


Edosn y Ewald reparando el neumático del camión de Bike Dreams

Lo voy a explicar : este tour cuenta con dos camiones de apoyo, vehículos de mediana estatura, que uno lleva los equipajes de los ciclistas y la cocina de Bike Dreams, y otro, prepara un refrigerio y sirve de auxilio en accidentes o problemas de salud. Los dos camiones (Mercedes Benz, ex vehículos de bomberos) llegaron desde Holanda hasta el Callao hace un par de meses y ahora están recorriendo América del Sur. 

En nuestro camino hacia Huancayo, uno de los vehículos empezó a temblar a medio camino. "¿Qué pasa aquí? ¿Es la carretera o el camión?". A los pocos minutos escuchamos un "paffffff". Yo pensé atropellamos un perro. Pero era la llanta (el neumático). 

Felizmente viajé ese día en el camión, no por no poder andar en bicicleta, sino por una cuestión de organización. A una de las ciclistas le había mordido un perro y teníamos que llevarla urgentemente a Huancayo, la próxima ciudad-descanso de nuestro recorrido, para que le pongan las vacunas de rigor. 

Pero nos quedamos estancados a medio camino. 


Los ciclistas ayudando a subir el neumático a la cabina del camión

Las personas que viajaban conmigo en el camión tuvieron que dividirse. Unos tomaron un taxi hacia Huancayo, entre ellas la señora con mordedura de perro, mientras que nuestro cocinero, Edson Estremadoyro, se fue a buscar al mecánico del equipo de Bike Dreams, que estaba kilómetros atrás de nosotros. Yo me quedé sola en el camión.

Horas sola en el camión, tratando de dormir, tratando de descansar, pero nada.

A la hora y media llegó Peter Ernst, el mayor del grupo, de 68 años, en la bicicleta. "¿Qué pasó?" Le expliqué lo sucedido. Había un restaurante cerca.

"¿Nos tomamos una cerveza?". 
Mientras nos tomabamos una cerveza, (y Peter se compró una botella de cerveza extra y echó el contenido en su bidón de agua) llegó un carro de la policía, el mecánico y Edson, el cocinero. A reparar la llanta.

Tardamos una hora en cambiarla por una nueva de repuesto. Los ciclistas que fueron  llegando al lugar de los hechos nos ayudaron a subir la llanta malograda a la cabina del vehículo. 

Llegamos tarde, bastante tarde, a Huancayo. Pero todos disfrutaron una tarde de cervezas en la ciudad. Además los entrevistaron en un canal conocido de la televisión. Una anécdota más del Andes Trail. 




domingo, 5 de septiembre de 2010

Barro y altura

Andar en bicicleta sobre los 4.300 metros sobre el nivel del mar es verdaderamente una hazaña, sobre todo para aquellos que en un día tuvieron que escalar desde Huánucho (2000 msnm) hasta Cerro de Pasco (4.300 msnm) y en plena lluvia.

Al principio del día todo parecía muy tranquilo. El sol brillaba y la carretera no era demasiado empinada. Sin embargo, al paso de las horas, los kilómetros y las piernas empezaban a hacerse pesados como dos bloques de plomo sobre los pedales, y las nubes hicieron su aparición con un chubasco demasiado potente.


En la Pampa de Junín, a 4.300 msnm

¡ 110 kilómetros, nada más, bajo la lluvia !


Hace un par de años, cuando Rob van der Geest, el creador de esta travesía, me comentó su idea de atravesar los Andes en bicicleta, me pareció un imposible, sobre todo al pensar en los caminos de trocha de las enormes montañas peruanas.

En este camino de Cerro de Pasco, más de quince ciclistas deciden subirse al carro de apoyo de Bike Dreams. Los otros, los más rápidos, llegaron a tiempo al hotel.

La lluvia a los cuatro mil metros de altura fue casi un imposible, junto a la altura y el frío (y sin nieve).

viernes, 3 de septiembre de 2010

De campaña política en descenso


- Te pinto tu casa -me cuentan.
- Te pinto tu casa pero la pinto con letras y con un corazón de Somos Perú o una lampa de Acción Popular o una estrella del Apra o ...
- ¿A cambio de qué?
- De que votes por mí.

Casas pintadas, paredes pintadas, camionetas con parlantes, postes con pancartas, árboles con símbolos, eso se ve a lo largo del camino hacia Huánuco.

"¿Van a haber elecciones?", me pregunta una de las participantes, Rachel, una de las más jóvenes.



Marca el pan,
Marca la cuchara,
           la mano, el cóndor, el águila, el león
Koko Giles
Lucho Cárdenas
Felix Acosta
           por el pueblo de Kichki
           por Chavinillo y Tingo Chico
           por La Unión

Pancartas, pintas, en cada poste, en cada casa, en el peligroso descenso a Huánuco.
Curvas cerradas en U, un serpentín de asfalto descendiendo sesenta kilómetros por las quebradas, camiones que vienen en contra y con los cuales casi chocas, la pista es angosta, aquí pueden ocurrir fácilmente accidentes, pienso.

"¿Cuándo alcanzaremos el río?", me vuelve a preguntar Rachel.
Le digo que no lo sé, que no lo veo cerca.

Un perro rabioso sale a nuestro encuentro : persigue a Rachel por unos metros. Yo me detengo, el perro se detiene, me mira y se regresa a su casa.

"Quizás en una hora o dos", le respondo a Rachel.
Y ambas continuamos concentradas en la carretera de la sierra hacia Huánuco, sin cansarnos, distrayéndonos con las pintas y los perros en el camino.

La ciudad olvidada de los Incas

En uno de las etapas más cortas me escapo por otra ruta hacia unos restos arqueológicos llamados Huánuco Pampa o Huánuco Viejo. Estos restos arqueológicos pertenecen a la cultura Inca y fueron una ciudad. Después de ascender unos 12 kilómetros de trocha llegué a una explanada de pastos dorados con animales que caminaban sueltos de aquí para allá y con huellas de varios caminos

Los restos de Huánuco Pampa están excelentemente conservados, aunque falte mucho trabajo de restauración. Fui la única visitante en todo el día. Aquí en esta fotografía junto al único guía del lugar, un señor guardián del patrimonio que vive en un pueblito "cerca de allí". Lamentablemente en algunas paredes hay letras de invasores.



Huánuco Pampa fue una ciudad Inca encontrada por los conquistadores en 1539. Aquí ellos fundaron la primera ciudad de Huánuco, sin embargo, debido a la altura y el frío clima, los españoles abandonaron este lugar para asentarse luego en los valles cálidos, semi-selváticos de la actual ciudad de Huánuco en el Perú. Aquí delante de una de las pocas puertas incas que se han conservado en este centro arqueológico. Una de las pocas puertas con los grabados de dos pumas.

lunes, 30 de agosto de 2010

El dios sonriente

El enorme muro del templo de Chavín


En nuestro día de descanso en Huaraz, aprovecho para visitar los restos arqueológicos de Chavín de Huántar.

Chavín es la cultura precolombina más antigua de los Andes. Sus restos datan de 1,200 años antes de Cristo. Tuvo como gobierno una teocracia y perduraron por 700 años.

¿Su caída? Un misterio. Y como toda la historia andina, su nacimiento como cultura, un misterio también.

Ahora estoy en Chavín de Huántar. El complejo arqueológico comprende dos templos : el viejo y el nuevo templo. Leo en una enciclopedia británica que los chavines construyeron su primer templo (el viejo) en honor a su dios, que nosotros conocemos como El Lanzón Monolítico. El lanzón monolítico están en una galería muy oscura. Entro a la galería y me quedo de una pieza al ver esa sonrisa que guarda la escultura. Un dios sonriente, nada mejor que la sonrisa de los dioses.

domingo, 29 de agosto de 2010


Estos últimos días los paisajes cambian.

Ingresamos a los Andes peruanos desde la costa Norte por un camino de tierra a lo largo del río Santa, un río que nace en los nevados de la Cordillera Blanca (Áncash) y desemboca en el Océano Pacífico.

Las trochas son parte del Andes Trail. Lo dijo muy bien uno de los líderes del grupo: el Andes trail recién empieza aquí, después del Ecuador y la costa norte del Perú, en un camino de grava con piedras y arena que produce dolor en los brazos y las piernas.


Cactus a lo largo del camino, nuestros acompañantes de ruta

La primera noche acampamos dentro de los desérticos territorios del Proyecto Chavimochic, en La libertad (Perú). Elegimos una superficie de cemento, ex-cancha de fulbito, para levantar las carpas, cocinar y pasar una tarde tranquila reparando bicicletas y mirando el atardecer. 

- ¿Por qué abandonaron este pueblo? -me pregunta uno de los ciclistas.
- No lo sé -le contesto y luego pienso en las posibles respuestas a esa pregunta.  


Francien y Edson, los encargados de la cocina con sazón peruana-holandesa

Pero no es en realidad un pueblo, parecen más bien las bases del campamento de un proyecto temporal de Chavimóchic. Chavimóchic, un proyecto de irrigación e hidroeléctrica. Horas después le pregunto a un policía y me dice que hace varios años vivieron allí algunos trabajadores del proyecto. "Construyeron un canal de irrigación y se fueron". Y ahora quedaron las bases de esa ex cancha de fulbito.

A la mañana siguiente, después de beber un café caliente, pues hace frío en la costa peruana, sopla un viento helado a toda hora del día, enrumbamos en las bicis hacia la serranía. Es extraño pero no sentimos que estamos trepando de cero metros hacia mil metros sobre el nivel del mar; el camino tiene una pendiente mínima agradable para pedalear.


Uno de los ciclistas a punto de atravesar un túnel largo y muy oscuro

El paisaje empieza a cambiar. Montañas enormes cuyas cumbres son difíciles de percibir. El camino es una línea delgada que repta en las paredes de una quebrada. Túneles oscuros, en trocha, que atraviesan montañas; dos centros poblados de mineros artesanales que extraen "carbón de piedra". La poca gente que vemos nos saluda a lo largo del camino.

La quebrada se convierte de un momento a otro en un cañón donde lo único que se escucha son las aguas del río y las ruedas de mi bicicleta. Aquella noche dormimos en la boca del cañón con luna llena y sin viento.

Al día siguiente dejamos el campamento y empezamos a trepar el camino hacia los 2.500 metros sobre el nivel del mar. Curvas en zigzag. Cactus, pequeñas casas de adobes, perros que salen a ladrar detrás de nosotros. Piedras que saltan en el camino.

En un puente un grupo de trabajadores me grita: "viva el Perú gringuita", y se ríen cuando les repito "viva el perú, carajo". Más allá una señora me saluda en la lejanía con un saludo quechua de bienvenida y otros alzan la mano cuando nos ven pasar. Pasamos por pequeños caseríos y Huallanca y la trocha sube y baja en zigzag.


Un descanso al lado del cañón
El cañón del  Pato es tan estrecho que en la trocha apenas cabe un camión mediano con sus cuatro o seis ruedas. Tiene muchos cactus y es seco, y lo mejor de todo son los 47 túneles que se tienen que atravesar. Dicen que antiguamente era trocha carrozable donde la gente con miedo cabalgaba hacia el otro lado del valle : Caraz o Huaraz.

A nosotros nos tocan túneles largos y de miedo. En uno de ellos tenemos que detenernos para dejar pasar a un grupo de camiones. Nuestras linternas no son lo suficientemente buenas y el ruido que puede producir un motor dentro de una de esas cavidades en las montañas es de terror. Pero salimos airosos de esa aventura y llegamos a Caraz a media tarde a refrescarnos con los buenos helados de la zona.

Ahora escribo desde Huaraz, nuestro punto de descanso. Mañana lunes salimos hacia el Parque Nacional Huascarán... nos esperan muchìsimas aventuras más. Esta noche llueve aquí. ¿Cómo será mañana a 4.200 msnm?

martes, 24 de agosto de 2010

La novia de Axel, el primer accidentado de la ruta, curándole las heridas

Nuestra llegada al Perú después de varios días por el país vecino me hizo recordar a todas aquellas veces que he vuelto a mi país por tierra. A Tacna por tierra, a Tumbes por tierra, a Puno... ahora a Piura por tierra. Y esos desiertos.

La historia empezó un poco antes, al lado del Ecuador, cuando muy temprano todos en fila frente a la ventanilla de migraciones tuvimos que cambiar al guardia de turno por uno más sobrio. Borrachísimo estaba, intentando encender su computadora y peor aún recordar su clave. Me decía: "Venga gringuita a ayudarme". Y poco le pude ayudar. Lo mejor que pude hacer fue buscarle a un sustituto.


Los árboles de ceibos a lo largo de la ruta

Después de sellar los pasaportes y cruzar el puente que divide a un país del otro, hacia el lugar de bandera blanquiroja, empezamos a montar la bicicleta por la carretera hacia la costa peruana. Muchos turistas me decían : se nota que hemos cambiado de país. Atrás quedaron los ceibos, los bosques secos, las montañas verdes ecuatorianas, ahora en territorio yermo con desiertos semi-desolados y carreteras negras que despiden calor. 

Primera noche : Chulucanas, una ciudad en medio de algarrobos, muy cerca de Piura. 

Me escapo a Piura por la tarde en busca de buenos amigos y un poco de tranquilidad. Llego a la ciudad en un bus de civa envejecido a un terminal de buses en un distrito llamado Castilla. La ciudad es la misma: polvorienta, llena de ruido a mototaxi y con algarrobos que se mecen con el viento. Dicen que hace frío aquí.


Las ofertas de algunos restaurantes a lo largo del camino

Por la noche bebo unas cervezas con unos amigos. Qué buenos recuerdos allí al lado de La Habana del Santa Isabel, ese lugar ya no existe, ahora se llama Carbón, dicen que se va a abrir un uruguayo, y que la gente tiene más sitios a donde salir. Al día siguiente me invitan a dar una clase de Nuevo Periodismo frente a un grupo de sesenta estudiantes. La experiencia del aprendizaje multiplicada en mi recuerdo.

Segunda noche : un bushcamp en medio del desierto en un lugar cerca a Motupe, rodeado de piajenos, perros que ladran, aves con cantos nocturnos y yo que no estoy y desaparezco. 

Tercera noche : me encuentro con los ciclistas luego de dos días de escape por Piura. Estamos en Lambayeque, la ciudad del Señor de Sipán, y de los kinkones, un dulce a base de galleta y dulce de leche. Visito por tercera vez el museo de sitio; vuelvo a impresionarme con el arte Moche. Ellos estaban realmente adelantados a su tiempo.  


Ciclistas escoltados por policías

Cuarta noche : un rico cebiche con chicharrón en una terraza del hotel La Estación en Pacasmayo. Qué delicia ver el atardecer hundirse en el mar.

Quinta noche : Qué día caramba. Varados en medio de la ciudad sin gasolina gracias a un chofer que se olvidó echarle combustible al vehículo de apoyo de Bike Dreams en los últimos cinco días. Palabras vienen, palabras van. El camión rojo de bomberos con el capote parado en medio de una avenida bastante transitada de Trujillo. Vivimos momentos de malestar pero terminamos comiéndonos un helado al lado en la vereda.

David (el chofer) nervioso toma un taxi para comprar gasolina en el grifo más cercano.
Nosotros llamamos a Rob (el jefe) para preguntarle qué hacer.
Los participantes ciclistas están a diez kilómetros sin equipajes.
¿Sabrá David cómo volver al lugar donde estamos varados?, nos preguntamos.
Rob llega en bicicleta al lugar de los hechos.
David intenta encender el carro, pero parece que está ahogado (el carro, no David).
Al final llega el mecánico de Bike Dreams (Ewald que acaba de aterrizar en Perú) adonde está el vehículo para arreglar el problema. Le da aire al motor y funciona.
Partimos.

Yo temrino exhausta después de tanta espera.


Unos cuantos kilos de granola (muesli) para los ciclistas en el mercado central de Trujillo

Sexto día : Descanso sin descanso.

Despierto después de una noche sin sueño. Y todos los participantes del grupo quieren que los ayude : uno se habia olvidado los zapatos en Pacasmayo (toca llamar al hotel), otra mandó componentes de bicicleta por DHL y aduanas lo ha retenido (nuevas historias en aduanas, nooo), y lo peor de todo : Rob (el jefe) contrató a un masajista QUE ES CIEGO.

Y a quién le tocó ayudarlo al pobre caballero, don Pedrito se llamaba... a mí : indicarle a la gente que se desnude y se eche encima de sus camas, advertirles que es un masaje suave y no violento, y traducirle a don Pedrito.

Mañana partimos hacia la sierra peruana... cañón del Pato, Caraz, Huaraz... nuestros primeros kilómetros en pura trocha  por las carreteras del interior del país. Así un vistazo rápido en nuestros últimos días... y muchas más historias por venir !

jueves, 2 de octubre de 2008

Quizás este sea el artículo que más me cueste escribir, porque es como describirse a sí mismo, como mirarse frente al espejo y explorar tu geografía.

Acabamos de dejar el Perú, de cruzar la frontera, de dejar la rojiblanca por otro sistema.
¿Y qué significó para mí estar en el Perú? ¿Cruzarlo de cabo a rabo, de norte a sur?

Cuando escuché la noticia de este viaje sentí una emoción incomprensible. Recuerdo que salí a correr por las calles de Leiden y que cantaba y que saludaba y por poco besaba a todo el mundo. Me imaginaba a mí misma recorriendo la cordillera de los Andes, y enfrentando las montañas que yo guardaba en mi memoria.

Rob me decía: “vamos a subir a Huaraz desde Trujillo en bicicleta”. A mí me parecía imposible. ¿Esos cerros tan inmensos?, me preguntaba, ¿Esas coordilleras blancas y negras de picos tan elevados como el Huascarán? Guardaba secretamente cierta emoción pero también mis dudas sobre la capacidad de los ciclistas... al final eso era lo que menos importaba.

Lo que más importa es ver el Perú por dentro –y comprobar aquel paisaje que siempre cambia. Basadre decía que el perú es un multitud de naciones dentro de una misma nación. Yo ya había hecho varias caminatas por Cajamarca y Piura, Moquegua y Arequipa. Había comprobado aquella realidad multiétnica, incluso geográfica, del Perú.

¿Qué significó para mí recorrerlo todo ahora con este grupo de gente extranjera?
La primera semana que estuve en el Perú durante este viaje le comenté a una amiga que ver el Perú desde ojos extranjeros es aprender a ver el Perú desde la virginidad.

En el cañón del Pato, todo es seco. Para mí es un paisaje conocido, un paisaje que incluso puede ser aburrido, pero este grupo de extranjeros, estaba maravillado por el color de las quebradas, la forma de las montañas, la carretera tan difícil e intransitable.

El Perú significó para mí un reto a la geografía y el cuerpo, las etapas más difíciles de este viaje, de ver a los participantes caer en las trochas mal hechas, a los carros llegar después de las bicicletas, a las montañas abrirse para dar paso a los ríos y cerrarse para las mesetas. Hemos visto desiertos, picos elevados, quebradas polvorientas, cactus gruesos, mosquitos y el frío polar. La costa, la sierra y la selva.

Del cañón del Pato subimos hacia el Parque Nacional Huascarán, un frío indescriptible, con las carpas congeladas a la siguiente mañana. Del parque Nacional descendimos a los valles calurosos de Huánuco con los mosquitos picando y picando en las piernas de los ciclistas y los mototaxis chillando con sus bocinas. De Huánuco trepamos hacia Cerro de Pasco donde nevó a la media noche, y todo amaneció blanco. Cruzamos la meseta hacia La Oroya y Huancayo para luego descender de nuevo hacia los valles del río Mantaro. De Ayacucho ascendimos de nuevo hacia la meseta, una meseta sin nevados pero fría muy fría, para al día siguiente descender hacia los valles de Andahuaylas y Abancay en Apurímac. Finalmente el Cusco siguiendo el río Apurímac, y hacia el Altiplano en Puno...

¿Qué significó este recorrido?

En nuestro recorrido hemos visto bromelias selváticas y serranas, cactus gruesos y flacos, puyas y gramíneas, eucaliptos y pinos, el k’antu y la cantuta. También aves que parecían gaviotas volar sobre los cuatro mil metros, y patos y aguilas.

Este recorrido me enseñó a comprender que no es sólo la geografía, sino también la gente que cambia a lo largo de tres mil kilómetros. Las facciones son diferentes de una región a otra, las vestimentas y los idiomas. No tengo otras palabras que decir: la belleza está en su variedad, en ese reto de trepar y bajar montañas. El Perú es más grande de lo que imaginamos nosotros los peruanos, y aprender de los bailes, de las sonrisas y las hablas de la gente te enseña a descubrir ese significado profundo en sus entrañas. El Perú es andino por dónde se vea, seamos costa o selva, el Perú es una variedad de facciones difícil de gobernar, que me trae a la memoria la constante lucha diaria de todos los ciudadanos por formar parte de una nación y limar las diferencias a pesar de las fronteras tan altas y respetables como son los Andes. El Perú es un país de una riqueza inigualable.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Bushcamp 3700 meter – September 17th, 2008

Inca Rally

We were forced to take another road out of Andahuayles. The Inka Rally ( www.inkarally.com ), an 11-days car rally with a 30 years history, took today the same route as we intended to cycle. Cycling on a road were rally cars pass by with speeds above 100 kilometer per hour, is asking for accidents. The first 14 kilometers out of we were on the same route ( the rally should pass later ) and many adults and kids were walking up the mountain with transistor radios in their hands to follow the progress of the rally. What a day for the local people : the “Inka Rally” passing their homes ánd the second event of the year : “The Andes Trail”. I must say that hundred flashy cars with high speeds, squeaking brakes and loud engines are more spectacular than a dozen of cyclists with pass by at walking speed and gasping for breath.

The road out of Andahuaylas has surprisingly good unpaved surface. The best since weeks !!! The wheels spin easily and we find again a way up. First the smell of eucalyptus trees, the smell of fir trees, before we reach once again llama altitude ( above 4000 meter ). The route winds and rolls at an altitude between 3500 and 4000 meter and we have spectacular views over the snowy mountains of Cordillera Vilcabamba. In the far depth ( 1500 meter lower ) we hear the cars of the Inca Rally. A bush camp is made after 86 kilometer between a forest of eucalyptus trees. The sun sets beautifully over the Andes Mountains and after dinner a deep silence falls over the camp of “The Andes Trail”.


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Abancay – September 18th, 2008

Like a Formule 1 driver…

A short day on the menu. We can already see our destination for today out of our starting point. A crow would do it in 15 minutes. We have to drop down nearly 2000 meter ( more than two times l’Alpe d’Huez, but than off road ) to the Rio Amurimac and climb 500 meter to the provincial town of Abancay. In total : 60 kilometer. It will take for us a bit more than a quarter of an hour.

The dizzy downhill is fast, but the unpaved surface makes it tricky. Thousand of stones, deep pot holes, loose gravel, sand, dangerous curves and dogs which try to jump into your derailleur make it to a risky business. I am always pleased to hear that everyone made it to the bottom safely and without accidents. Most of us do the 40 kilometers long downhill within two hours. Two hours of ultimate concentration. It’s like a Formule 1 driver in a Grand Prix. The speeds are of course ( a bit ) slower, but the consequences are the same. One mistake and you end up with your lycra outfit on the rough dirt road filled with sharp rocks, or even worse : next to the road. Vertical precipices of hundred meters and much more are waiting!!! Sometimes I take a preventive pit stop to relax your wrist, shoulders, legs, hands and head. No change of tyres or refuel.

You have to have full control over your bike and trust your brakes. Your life depends on the strength of two 1-millimeter wide iron brake cables and four 2 centimeter long rubber brake shoes. Fortunately you don’t have to think about that in the downhill…. You need all energy to control your bike and no blood flows to your brain. There is no time to think, other wise you miss a stone, curve or hole… A bicycle doesn’t have an airbag. Not yet…

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Limatambo – September 19th

Cuy

We were back on tarmac from Abancay. It felt like velvet after hundreds of kilometers on rocky and sandy roads. The hotel in Abancay was top-class with huge rooms, a warm shower and comfortable beds. Such a comfort is not always the case ( warm showers are an exception ), but we can’t complain about the quality of the South-American hotels.

Out of Abancay we had to start climbing once more. We cycle through the middle of Peru from north to south and we hop from one river to another river ( which are floating from west to east ). In between : Mountains, mountains, mountains. High Mountains. The rio’s float at an altitude of 2000 to 2500 meter. The mountains raise more than 4000 meter in the sky. The last week in general : river at 2000 meter, mountain of 4200 meter; river at 2300 meter, mountain of 3900 meter; river at 2400 meter, mountain of 4100 meter, etcetera. No flat area’s. The ups take about 4 hours, the downs take 1 to 2 hours depending on the quality of the road. The scenery is superb and you have the feeling that you cycle through the heart of the country. Its definitely tough ( beyond tough ). You can see it on the faces of the participants that 5 to 8 hours on the bike requires its toll. Ten hours asleep a night is very usual and the rider’s appetite has doubled since the start in Quito. Nobody complains and enjoys the trail.

Today we had after a 4 hours climb a downhill of nearly 60 kilometer!!! You can let your bike role, and role, and role… But you know : another climb is waiting. We climb halfway till Limatambo; a small village ( actually just one street with houses and a few shops on both sides ). We stayed at a nice guesthouse with a colourful garden. Half of us was camping and the other half stayed in one of the basic rooms. In the backyard of the guesthouse stood a shed, a “cuy”-shed. A what ?? A shed filled with hundreds of “cuy”. Guinea-pigs. In most western countries kids have a guinea-pig because they are so soft, funny and lovely. Here in Peru : it’s a local dish; a speciality. Peruvian “Haute Cuisine”. They kill the poor little ( but fat ) animals, remove the hair and entrails, lay them in full size on a plate and slide them in the oven. Result after an hour : a warm guinea-pig. And yes, you can eat it. If you like it, is another question. A few of us tried and the opinions varied from nasty to delicious. So, when you are in Peru : just try… Otherwise there are always dogs around to finish your plate.

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Cusco – September 22th, 2008

Magical

We had Saturday a relatively easy ride of 78 kilometer to Cusco; the main tourist place in Peru, and probably in whole South-America. It was for the first time since weeks that we saw other gringo’s. Cusco is the ancient capital of the Inca empire and as said the most beautiful city in Peru. I can only admit that; the city has nice squares, beautiful churches and other attractive colonial buildings. It is a fusion between Inca ruins and Spanish architecture.

Except the city itself, Cusco is the entrance gate to Machu Picchu. One of the greatest tourist destinations in the World. It’s in line of the Pyramids in Egypt, the Taj Mahal in India, the Great Wall of China and the Colosseum in Rome.

Two rest days have been planned to explore Cusco and Machu Picchu. Rest day ?? The bus to Machu Picchu left at 4 o’clock (!!) in the morning. Not a real rest day.

The bus brought us to the village of Ollantaytambo where we caught the train through the dense jungle to the foot of the Inca ruins. Another shuttle bus made the last climb with tens of hairpins to the entrance of the lost city of the Incas. You know the place because you can see the pictures of the Inca ruins all over the world. Standing there in the middle of the South-American jungle, with a floating river deep below, steep mountains around you, mysterious birds flying in the sky, clouds waving over the old Inca stones like a white veil, llama’s grazing in the countless terraces, and the thought how the Inca’s constructed their city 6 to 7 centuries ago, one word pops up in your mind : MAGICAL. It’s the superlative of “Beauty”.

domingo, 31 de agosto de 2008















Viajar, perder fronteras.

Los últimos días fueron un verdadero reto. Cruzar el desierto costeño desde las playas de Huanchaco en Trujillo, Perú, hacia el Callejón de Huaylas llevó a los ciclistas a probar sus frenos, pedales, fuerza en los brazos y piernas en los caminos de trocha. Muchos de los ciclistas creían que el viaje ya había empezado en el Ecuador, pero ahora camino a Huaraz comprobaron que los caminos que ellos imaginaban eran más complicados de lo que creían.




La primera noche acampamos al lado del río. Allí puse a prueba mi lógica peruana. Sí, nosotros los peruanos tenemos una lógica peculiar que los holandeses no entienden a veces. Nosotros estábamos en el auto en medio del desierto. Ninguna casa, ningún río, nada. Nosotros teníamos que buscar un lugar para acampar. Al fondo veía yo unos árboles.

-Allí hay un pueblo, seguro.

-Jajajaja... ¿es esa tu lógica peruana? ¿Donde ves un árbol ves un pueblo?

Me quedo callada luego digo:

-Bueno sí... que yo sepa donde hay árboles hay pueblos.



Avanzamos con el carro y evidentemente hay un pueblo grande llamado Tanguche, en medio del desierto. Hay varios campos de cultivo y un enorme río, el Río Santa, cruzando en medio de ello. Nosotros seguimos la ribera del río en busca de un lugar donde acampar.

-Seguro aquí no hay mosquitos, ¿no? Hace frío. Estamos lejos de la costa.

Mi lógica peruana me dice: "Sí hay mosquitos y nosotros seguimos en la costa".

Dicho y hecho. Bajamos del carro a arreglar el equipo del campamento... y ¿para qué dice don Ewald que no hay mosquitos? Los mosquitos empezarona aparecer de todos lados, a picar piernas, brazos, caras, cuellos.




Al llegar los ciclistas, mejor ni les cuento. Ellos suelen andar en pantalonetas.... los bichos que les picaron y en todas las partes del cuerpo. Uno ya no podía ni ir al baño, pues habían ataques del mosquito del río Santa en las partes privadas del cuerpo... Ni nuestro médico pudo dormir en paz, pues con su teoría: "de dormir sin carpa es más rico" terminó arrasado por los bichos malignos. Al día siguiente escapamos lo más rápido de ese lugar. Pocos durmieron bien. Mi lógica peruana es así... yo ya sabía ;)



Al siguiente día agarramos un pedazo de carretera hacia Huaraz, asfalto que termina diez kilómetros después de recorrerlos. La trocha que empezamos a recorrer era casi tan maligna como los mosquitos. Ni un momento de paz. Piedras por aquí y por allá, total control sobre la bicicleta y en subida, doblemente difícil. A medio camino encontramos un pueblo con numerosos burros en la pista, que se asustan de nosotros. Más allá cactus y más cactus y piedras de colores. Nunca había visto yo una sierra tan seca y a la vez tan atractiva.


Para qué montar bicicleta me digo yo en estos lugares tan secos y desolados. Es una carretera fantasmal por la que de vez en cuando transitan camiones de carga pesada, y alguna camioneta bien embalada y desconsiderada.

Y compruebo que venir al Perú con extranjeros es mirar con otros ojos. Llegar aquí es vivir el Perú de otra manera. Ya no eres el lugareño gringo habitual sino la gringa que viene con gringos y que tiene que sacar la bandera cada vez que los quieren engañar.


Volvemos a acampar en otro lugar menos habitado por mosquitos. Unas señoritas gorditas llegan a saludarnos y nos dicen que es Huarochirí. Aquella noche felizmente nadie tiene problemas con los mosquitos, pero sí con el calor... la gente está rasca que se rasca en sus carpas los mil puntos rojos de las piernas. Dicen que las picaduras de mosquitos recién se sienten al día siguiente. Allí estamos nosotros también.

Llegamos a Caraz después de tres días sin asfalto y cincuenta túneles oscuros por atravesar con el miedo a ser atropellado por un camión. La Chevy se portó muy bien, también la patrol. Kirsten preparó unas cenas deliciosas y nosotros de vuelta a las camas de hotel.

Mañana Huaraz, luego subir y subir más hacia las serranías peruanas llenas de ICHU.

Es bueno saber que tenemos una lógica peruana que funciona y que muchas veces sirve de precaución.

lunes, 25 de agosto de 2008

22/8

Entro a territorio peruano con la emoción de regresar a casa. El paisaje es distinto, los rostros alegres. Las montañas ecuatorianas son verdes, aquí áridas, tristes, con poco color. Me pregunto ahora ¿qué se gana al cruzar una frontera?
Lamenteablemente los agentes de aduanas nos hicieron la vida un poco difícil en la frontera. Yo tuve que mandar a los ciclistas a su destino, mientras yo intentaba arreglar los papeles de la Chevy. Estuve allí en territorio de nadie hasta las 4 de la tarde con el calor del desierto y la compañía de unos agentes que no hacían nada, esos kinkones.

Entro a territorio peruano y me pregunto qué pasa aquí. En los desiertos piuranos, los burritos jalan bidones de agua para llevar a los pueblos. Hay casas perdidas en el desierto. La gente anda con el rostro cansado. Entro a la profundidad de la tierra. ¿La recordaba así? Por supuesto que la recordaba con amor, pero había olvidado mirarla.
En Piura me encuentro con los viejos colegas y los amigos del barrio. La necesidad de divertirse sigue siendo la misma, no ha cambiado. La necesidad de hablar de sí mismo tampoco cambia. A la gente le gusta mostrar que tiene una cuna de oro cuando a mi lado los gringos me dicen: “hay mucha pobreza”.

Entro a territorio peruano y no quiero perder la alegría. Me bebo unas cervezas con los ‘patas’ y sigo camino al día siguiente hacia Chulucanas. Allí me reciben los ciclistas con mucha emoción: “qué bueno que hayas arreglado lo del carro”. Aquella mañana avanzamos hacia Motupe por una carretera super moderna que nadie usa: por eso sigue siendo moderna, quizás, del proyecto Olmos que sigue avanzando a paso de tortuga.

En Motupe un pueblo de pocas almas hay pocos hoteles. Uno de ellos se llama Tokyo. “¿Por qué se llama así, señora?”. Ella me mira con seriedad y me dice: “en agradecimiento a unos japoneses que nos dieron la platita para construirla”. La dueña del hotel no quiere que ni le toquemos las paredes. Sólo nos queda armar nuestra cocina en la calle. “Señorita, eso da mal aspecto, qué van a decir los vecinos de mí”. Todos los vecinos de la calle jalan sus sillas y se sienta alrededor nuestro a mirarnos preparar el almuerzo a los ciclistas: somos un show televisivo en vivo. A los pocos minutos pasa una procesión con un ataúd, es un entierro. No nos queda otra que entrar al hotel.


Entro a territorio y tengo el orgullo de ser peruana y darles de comer nuestras parihuelas, filetes de pescado, cebichitos.
En Lambayeque vamos al museo Las Tumbas Reales. Impresionante el trabajo que Walter Alva se mandó en reconstruir y refaccionar al Señor de Sipán. Siento orgullo peruano por dentro, esto vale la pena, pienso, y me pregunto: ¿Dónde quedó esa riqueza?
Pero lo recuerdo a Alva contándome la historia detrás del museo: el poco apoyo del gobierno peruano, la corrupción en el INC, la búsqueda de recursos para su construcción. “La gente del INC no tenía idea de lo que era un museo, querían armar cualquier cosa antes de tomarse el trabajo de armar un museo como la ley de museos manda”. Su mujer estuvo detrás gestionando la construcción de un museo moderno. Lamentablemente la señora Alva no llegó a ver la obra monumental que construyó. Walter vigila ahora al Señor de Sipán.

Mis amigos me buscan en Lambayeque para tomarnos unas cervecitas y comernos un cebiche. Hacía mucho tiempo que no comía un cebiche con buena música de fondo. “Todos vuelven a la tierra en donde nacieron” de los Morochucos. Me emociono hasta la lágrima.

24/8

El océano Pacífico. El sol metiéndose en sus entrañas. Yo en una terraza, descansando de estos largos días.

Pacasmayo, una ciudad al mar a 1500 kilómetros de Quito (Ecuador), parece increíble pensar en los kilómetros recorridos, nadie me cree, yo tampoco.
Digo por fin un poco de tranquilidad para escribir unas líneas en el blog y ponerme al día. No puedo pasar un día sin escribir, sin pensar en el blog, pero las circunstancias diarias: laqs ocho horas en la frontera, la noche en Piura, los saltamontes en Motupe y los amigos en Chiclayo, me ayudaron a acumular historias.

Siento la brisa rozar mi rostro bronceado, pienso en estos ojos que parecen haber visto poco, pero percibieron mucho. Y me pregunto: ¿cuál es la solución?
Cual solución, pensaría cualquiera. La solución a estos campos, a estos desiertos costeños, con poca esperanza.




Hace algunos días entramos al Perú con dificultad. Salimos con el Chevy y la Patrol rumbo a la frontera Macará (Ecuador) y La Tina (Perú). Los ciclistas avanzaban en bicicleta hacia el puesto policial de Ecuador, no tuvieron problemas en estampar su pasaporte. La Patrol y La Chevy sin ningún inconveniente.

Cruzamos el puente.

Del lado peruano. Pasan la Patrol y los ciclistas, el agente de aduanas mira La Chevy y dice: “Ese carro no pasa”.

-¿Cuál es el problema señor?
-Un papel.

Papelito manda en el Perú. El carro holandés pasa la frontera, es decir está permitido de entrar al Perú sin ningún problema, mientras que el carro peruano, no...

-¿Por qué señor?
-Pues ustedes tienen un documento de exportación; no de importación, señorita.


Ah, caramba. Es un gordito, cara de kinkon quien me dice eso, es muy amable conmigo, moreno el hombre, cara de trabajar mucho “sí, tanto que anda agotado sentado en su silla como un lirón”, rascándose la panza, al lado de un guardia que gusta de usar la corbata corta muy corta, que le llega a las tetillas.

-Tienen que buscarse un agente de aduanas, señorita, allí al frente hay uno.

Sólo me queda llamar a Arequipa a mi agente de aduanas allá, pedirle que me ayude a solucionar el problema del Chevy en un día porque sino cómo hacemos con los ciclistas, cómo acompañarlos el resto de la ruta, todo nuestro equipaje estaba en La Chevy. Llamo a Arequipa y la agente de aduanas me dice: “Espere mi llamada, por favor”.

Espero la llamada con ganas de solucionar todo al instante.
Después de media hora, la señorita, me llama.

-Señorita –me dice mi agente de aduanas- tengo aquí el teléfono de un agente en la frontera... (es decir, la frontera Macará). Llámelo, por favor.





Allí en el puesto de aduanas veo a un moreno cara redonda y casaca de cuero. Yo marco el teléfono. Y veo al moreno contestar su teléfono celular.

-Aló
-Aló??

Es el tipo de enfrente.

-La agente de aduanas de Arequipa ya me comunicó de su problema... tenemos que cambiar los papeles, pero como aqui en la frontera no hay internet tengo que ir a Ecuador para imprimir los documentos y recibir la información.

Impresionante. Del lado peruano no puedo llamar con mi celular peruano; tengo que usar el Ecuatoriano. Del lado peruano no hay internet; hay que cruzar la frontera.

Me quedo esperando en aduanas con el kinkon, el tipo de corbata hasta las tetillas y Rob mi jefe de los pantalones cortos. Qué trío... todos están allí mirándose la cara como tontos... rascándose la cabeza bajo el sol, a que pase una mosca para distraerles la mirada. Ningún carro aparece por allí, somos el único vehículo al que le ponen problemas.

A las dos horas presentamos el papel esperanzados de pasar hacia el Perú, pero el kinkonazo nos dice bostezando:

-Tienen que mandar una carta poder.
-¿Desde dónde?
-Desde Arequipa. Y con firma notarial.

(?)
Llamar a Arequipa de nuevo. Buscar un abogado a la distancia que legalice la carta notarial y además la envíe en fax.

Ocho horas después nos dejan pasar el carro peruano a territorio peruano. .... No hay modo, tenemos que irnos a Piura porque ya se hace de noche. Y veo a mis amigos, a mis grandes amigos.

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